La carta 1.

-¡Piiiii!
-¡Fucking despertador!-maldije mientras apagaba el reloj, y mientras poco a poco me iba desperezando.


Era martes, y hoy tenía que entrar a las ocho en vez de a las nueve como lo hacía normalmente. Esa noche había soñado con un chico y no era precisamente Fenn... Como siempre, y en la vida rutinaria que llevaba, me vestí y me arreglé un poco. No quería ir muy maquillada al estúpido instituto, porque según los planes que había pensado esa noche mientras intentaba conciliar el sueño, estaría el resto de la semana sola, sin juntarme con nadie hasta que los demás solucionasen la discusión. Bajé a la cocina a prepararme un par de tostadas, si es que podía encontrar donde estaba la tostadora...


-¡Mamá!¡¿Dónde está la tostadora?!-grité esperando la respuesta de mi madre.
-¡Shhh! No grites que papá está durmiendo.-me recordó al tiempo que sacaba la tostadora de un cajón empotrado que teníamos en la cocina.
-Lo siento.-dije en un susurro.


Juraría que ya había buscado ahí y que no había encontrado nada... Si es que todas las madres tienen ese don, por decirlo de alguna manera; vas, no encuentras nada, y ellas te dan un "zas en toda la boca" al encontrar lo que tú ya dabas por perdido. 
Empecé a preparar las tostadas, y es que esa mañana me había levantado con hambre y con el antojo de comerme unas ricas tostadas. Porque normalmente mi desayuno se había reducido a un baso de leche o zumo. No podía comer nada por la mañana, si lo hacía al rato me empezaba a doler el estómago. Pero en cambio, esa mañana me había levantado con un hambre... 
Cuando bajó mi madre y se disponía ya a ir al garaje para sacar el coche le pregunté apresuradamente:


-Oye, mamá ¿cómo es que papá está durmiendo? ¿Hoy no va a trabajar?-la pregunté mientras cogía mi pesada mochila, con algo que ni yo sabía que tenia.
-No... Es que hoy tu padre entra a trabajar por la tarde, y no por la mañana.-me contestó susurrando.
-Ahhh. Que raro...-repuse.


Normalmente mi padre siempre entraba a trabajar por la mañana y volvía a la hora de comer, aunque antes siempre me recogía del instituto para llevarme a casa. Era una suerte que mis padres trabajasen tal y como estaban las cosas. La mayoría de personas que conocía o sus madres o padres no tenían trabajo, bien porque  la empresa quebraba, o bien porque tenían que hacer recortes y medio personal se iba de patitas a la calle. En el caso de mi padre le pasó lo primero, aunque por alguna causa del destino, tuvo la suerte de encontrar trabajo pasados unos meses, en un hospital que habían inaugurado hace poco en un lugar que se encontraba cerca de donde vivíamos, ejerciendo como técnico o revisor de las máquinas del edificio. Lo celebramos por todo lo alto cuando al fin encontró trabajo, y es que nos prometió a mi madre y a mí, cuando se encontraba sin trabajo, que cuando tuviese uno iríamos a Nueva York. Y así va a ser en las vacaciones próximas de verano, tengo muchísimas ganas de ir, ya que nunca he viajado a Estado Unidos, y porque además quiero y necesito practicar mi inglés. Lo tengo decidido, cuando me gradúe en la E.S.O. y termine Bachillerato, estudiaré una  carrera de Biología o de Bioquímica e intentaré conseguir un puesto en alguna Universidad ejerciendo como profesora, y si no lo consigo, lo tengo muy claro de que me iré a Estados Unidos a un centro de investigación, ese sería mi gran sueño en la vida, pero bueno, primero tendré que acabar cuarto...


-Recuerda que hoy te tienes que bajar andando a casa.-me dijo mi madre antes de que me bajase del coche para dirigirme dentro del instituto.
-¿Cómo? Pero... ¿Por qué?-dije cansada de solo imaginarme el trecho que tendría que caminar al terminar el instituto.
-Porque hoy tu padre tiene que entrar un poco antes al trabajo, y yo voy a comer con unas amigas del trabajo.-me respondió haciendo amago de acercarse y darme un beso de despedida-.A si que te he dejado preparado un par de filetes empanados en la nevera y si te quedas con hambre hay lechuga y pepino para hacerte una ensalada.
-Pfff, ¿y no podría salir antes del instituto, cuando papá se fuese a trabajar?-dije empeñada en que no estaba dispuesta a caminar tanto y luego comerme unos filetes pre-cocinados...
-No, y no rechistes más, que vas a llegar tarde a clase, además te irá bien andar un poco para hacer algo de ejercicio.-repuso cortantemente, mientras que le daba un beso de despedida.


Me alejé del coche entrando en el instituto, menos mal que no se dieron cuenta y no me apuntaron en una lista que hay cuando llegas tarde. Fui corriendo hasta la clase de 4ºB y entré pidiendo disculpas por mi retraso. Encima la asignatura que tenía a primera hora de la mañana era Física y Química, la más difícil de todo el curso. Menos mal que solo estaban corrigiendo problemas y no dando más teoría,  y es que como iba a pasar varios días sola y sin nadie, me había propuesto estudiar todo lo que diésemos día a día, y hoy empezaría con mi propósito estudiando todos los apuntes de las asignaturas que tuviese ese día. O... Al menos lo intentaría...


-Profe, ¿por qué el resultado es negativo si a mí me da positivo?-pregunté mientras que no paraba de mirar el resultado del problema que estaba en la pizarra y al resultado de mi cuaderno.
-Vamos a ver, porque la gravedad siempre, y repito, siempre es negativa.-repuso la profesora-¿No lo había dicho en los apuntes?
-¡Pues no!-gritó alguien detrás de mí, mientras que más voces se unían diciendo lo mal que daba la asignatura la profesora.


Ya nos lo dijo Sócrates, nuestro tutor, que la asignatura más difícil del curso iba a ser Física y Química, y aún sabiendo eso, van y nos ponen a aquella mujer como profesora de FyQ... Si es que... De verdad que... Son tontos de remate, porque Sócrates está más que capacitado para dar aquella asignatura, ¡pero no! Decidieron que solamente diese matemáticas... Y es que el cambio de tercero a cuarto es brutal, por lo menos para mí lo ha sido; Matemáticas y Física y Química en tercero son una tontería comparadas con las de este año, deberían de haber puesto más nivel el año anterior para que no se notase tanto el cambio entre un curso y otro, porque a este paso, voy a suspender Física y Química, bueno, yo y el resto de la clase, porque no soy la única que tiene problemas con aquella asignatura.


-Bueno chicos, se nos ha acabado ya el tiempo, os mandaré algunos ejercicios y explicaciones por e-mail.-dijo la profesora poniéndose un poco nerviosa por la presión de tener tan poco tiempo a la semana para dar una asignatura tan difícil como lo era Física y Química.


Aproveché el intercambio de clase para sacar el libro y el cuaderno de matemáticas. Qué bien, ahora clase con Sócrates, pensé mentalmente.
Al buscar el cuaderno de matemáticas me encontré con la carta de amor que había escrito a Fenn por la noche. No sé que hacía allí, pero seguramente que con las prisas de que iba a llegar tarde al instituto había cogido todos los papeles que pareciesen apuntes. Tenía que asegurarme de que nadie la viese, porque si no...
Mientras que no venía Sócrates me puse a leerla en voz baja la preciosa carta de amor. Ojalá tuviese el suficiente valor como para leérsela cara a cara. Pero eso nunca pasaría, por lo menos por el momento no. 
Vi, que Anna venía hacia mi sitio con cara de pocos amigos.


-Qué, ¿ya te has decidido con quién estar?
-¿Pero tú estás sorda o qué?-la contesté mientras iba a guardar la carta en el interior de mi mochila.-Ya lo dije ayer, no pienso estar en ningún bando hasta que solucionéis vuestro estúpido problema.
-Vale... ¡Ey! ¡¿Qué es eso?!-dijo mientras que hábilmente me cogió la carta de entre mis manos e intentaba leerla.
-¡Dámela! ¡No es tuya, y no tienes derecho ni a cogerla y a leer lo que pone en ella!-dije mientras que intentaba coger de nuevo mi carta, pero justo cuando iba a capturarla, Anna la cambiaba de mano, haciendo que mis nervios aumentaran por momentos; estaba claro que mi música chill-out había desaparecido por completo en ese momento.


Estábamos montando tal bullicio que la gente que estaba alrededor nuestra se giraba para observar la pequeña pelea que estaba teniendo lugar en la clase de 4ºB. 
Al entrar Sócrates y ver lo que estaba sucediendo, quitó bruscamente de las manos de Anna la carta de amor. La leyó para sí mismo mientras que yo aproveché para colocarme bien el uniforme que se había ido de sitio tras la pelea. Al terminar de leerla me miró fijamente a los ojos y me la devolvió advirtiéndome que la guardase a buen recaudo, y eso es lo que hice. La metí bien adentro de una carpeta que tenía en la cartera y me aseguré bien de cerrar del todo la mochila. 
Ale, ahora Sócrates sabe lo que siento por Fenn... Bueno, aunque realmente no me importa, porque sé que él no dirá nada, nunca lo ha hecho. Y es que siempre Claudia, Anna y yo, que somos las que vamos con él al desdoble de matemáticas, hemos confiado en él, y le hemos dicho todas nuestras aventuras, pero en su justo límite, que no deja de ser nuestro profesor... Aunque es extraño que no nos haya preguntado por qué no nos hablamos entre nosotras, pero algo me dice que ya sospecha... Y siempre, desde primero de la E.S.O. hemos sido muy simpáticas con él y a veces en vez de dar clase, empezamos a hablar de cualquier tema intrascendente que hace que perdamos una hora entera de una matemáticas aburrida en una hora entera de temas curiosos, y de mucho interés. Y creo que esa confianza con el profesor hace que al final de la evaluación la nota te la sube un puntillo o así. ¡Todo sea por las buenas notas!
La hora de matemáticas se me pasó volando y entre unas cosas y otras ya era la hora de bajar al recreo. Decidí que ese día prefería salir afuera y sentarme en las gradas, ya que me había enterado de que los demás iban a estar adentro en la cafetería por el viento tan fuerte que hacía aquel día. 
Fui a los grandes escalones que conducían a la pista de fútbol y me senté en uno de ellos. ¡Mierda! Con las prisas de que llegaba tarde al instituto se me había olvidado prepararme el almuerzo. Y es que el desayuno que me había tomado aquella mañana me había entretenido más de lo esperado y se me había olvidado completamente coger nada para comer al mediodía. Menos mal que el copioso desayuno me mantuvo sin muchas ganas de tomarme nada para almorzar.
Sin querer, ni beberlo, tenía enfrente mía jugando al fútbol a Ed, Marcos, Halcón, Mario y Fenn como si no hubiera mañana, haciéndose notar que la discusión había hecho mella en ellos, solo había que verlos jugar con esa fiereza al fútbol. Sin darme cuenta mis ojos se fueron al culo de Fenn. ¡Pues tiene un buen culo! Lo tiene en su justa medida y bien puesto, perfecto para azotarlo en una noche loca de pasión. Menudos pensamientos que se me estaban viniendo a la mente, y eran de todo menos inocentes... Me seguí fijando en Fenn, y observé que tenía una espalda fuerte y musculada, al igual que sus piernas, creo que era porque todos los fines de semana iba en bicicleta con un grupo que tenía, o eso es lo que había oído por ahí. 
Volví a mi mundo de fantasía, en el que encontraba a Fenn con el torso desnudo y apretándose junto a mí, mientras que mis manos buscaban comprobar lo fuerte que era aquella espalada, haciendo que mis uñas se clavasen un poco un ella, provocando un pequeño gemido que salía de la boca de Fenn al tiempo que nuestros cuerpos iban al compás y...


-¡Estrella!-dijo Sócrates, haciéndome volver al mundo real-¿Qué haces aquí sola? ¿Y Claudia y Anna?-me preguntó, al tiempo que se sentaba al lado mio.
-Eh...-dije un poco despistada-.Estamos enfadadas, bueno, más bien ellas, porque yo paso del tema.
-Entonces, ¿por qué estás sin nadie?-volvió a insistir. Se me hacía un poco raro hablarle de aquello a un profesor, pero, tratándose de Sócrates, todo se te hacía más llevadero. 
-Porque hasta que no arreglen sus problemas que tienen voy a estar sola, para que no me echen en cara si estoy con unos, o si estoy con otros.-le respondí.
-Comprendo...Bueno, espero que se arregle pronto, porque con lo buenas amigas que habéis sido siempre sería una pena que ahora todo se vaya al traste...-dijo mientras que se ponía de pie de nuevo-.Bueno, Estrella, me voy adentro que con este viento me voy a volar.-dijo mientras que imitaba que un gran viento azotaba contra él haciéndole retroceder el paso.
-Adiós.-contesté mientras que ponía una de mis mejores sonrisas, y es que con Sócrates era imposible dejar de sonreír. Es tan atractivo... Si tuviese mi edad, no dudaría de que medio colegio caería rendido a sus pies, no me cabe ni la menor duda.


Viendo alejarse a Sócrates, intenté dejar de lado los pensamientos que estaba teniendo hace un momento. No era muy típico en mí, pero los últimos libros que me había leído en los pasados meses, todos ellos trataban de historias de amor subiditas un poco de tono. ¿Se me habría contagiado? No...
Mientras que tenía un debate mentalmente sobre la razón por la que había soñado con un chico que no era Fenn, la campana sonó advirtiendo que ya se había acabado el recreo y que era hora de volver a clase.
Subí rápidamente a clase, para así no encontrarme con nadie, y al llegar pude comprobar que alguien me había abierto la mochila.


-¡Oh dios mío!-solté al comprobar que la carta de amor había desaparecido de mi carpeta.


Alguien me había robado la carta. Pero, ¿quién? y ¿por qué? A nadie le sirve de nada un papel como era aquella carta. Aunque, pensándolo mejor sí que podría servirle a alguien. No sabía con seguridad quién podría haber sido, pero sospechaba de alguien, no obstante me parecía muy surrealista que aquella persona podría haber hecho algo así. Los días siguientes sabría con exactitud quién y para qué habían robado mi carta, pero por el momento, solo pude llorar y maldecir por lo bajo lo estúpida que había sido por haber escrito aquella carta de amor dirigida a Fenn.

Discusiones 3.

Al llegar a casa ya me había dado tiempo suficiente como para relajarme y poder hablar con normalidad, sin que me temblase la voz. Comí tan poco que mi madre ya empezó a sacar conclusiones de que me voy a quedar anoréxica por dejar de comer, pero es que me resultaba casi imposible tomar bocado de nada de lo que había cocinado mi madre. Y es que, desde siempre mis nervios me han podido vencer, la semana de exámenes sufro un dolor insoportable en el estómago, y no, no es por los "abuelos", que es así como llamamos nosotras a la menstruación, sino por los malditos nervios...

-¿Seguro que no quieres postre?-me gritó mi madre desde la cocina, haciendome salir de mi habitación, y asomándome a las escaleras para poder escucharla con claridad.
-Si.....¡Seguro, mamá!-la respondí, mientras que la escuchaba quejándose con un profundo suspiro.

No es por nada, pero recuerdo perfectamente que me dio una época por dejar de comer para adelgadar... Supongo que es la tontería de ver a otras chicas que están "mejor" que tú, y querer estar a su altura. Y es por un complejo que tenía, y que creo, que sigo teniendo... Mis piernas, no sé, son normalitas, pero me gustaría tenerlas un poco más delgadas y fuertes, al igual que me pasa con mi nariz.... Un complejo que me lo "descubrieron" los muy cabrones de los chicos cuando iba a sexto de primaria... Pero, siempre que se lo digo a mis amigas me dicen lo miso, sobre todo Claudia: "Tu nariz está recta y va acorde con tu cara, y en cambio la mia..." Y ahí es cuando empezamos a destapar nuestros complejos, y nuestras inseguridades. Pero, digo yo, ¿no es mejor olvidarse de esas tonterías y disfrutar la vida a tope? Aunque... Resulta muy dificil, y más aún, con esta edad, en la que todo lo que piensen los demás nos afecta demasiado...

Me puse dispuesta a hacer los deberes de matemáticas, esos que al principio no entendía, y a cada minuto menos, y es que lo que necesito es practicar, ya me lo dijo Sócrates cuando me dio una racha en la que no hacía ni el huevo: "Estrella, ¿cómo no vas a entenderlo, si ni siquiera has mirado los ejercicios en tu casa?" Y la verdad, es que tenía muchísima razón; a partir de ese momento, me prometí a mi misma hacerlos todos los días... Aunque una vez, se me olvidaron y se los copié a Anna, que ella para esas cosas no le importa prestártelos.
Aish.... Anna, es increible, pero ya las estoy hechando de menos, y eso que no ha pasado ni un día. ¿Y ellas, y ellos? ¿También me hecharán de menos? Supongo que no, almenos con los chicos, ya que son los nuevos, y no me conocen lo suficiente como para hecharme de menos, e incluso Fenn.
Pero las chicas... Son ya cuatro años con ellas, conociéndolas todavía, compartiendo momentos increíbles, divirtiéndome y pasando horas y horas junto a ellas... Bueno, aunque antes las cosas no eran así...
Si comparo como éramos en primero de la E.S.O. y ahora, en cuarto, no tenemos nada que ver, éramos totalmente distintas. Antes, no teníamos un grupo claro con el que pasar el recreo, pero luego a medida que pasaba el tiempo te ibas dando cuenta de con quién te identificabas mejor, de con quién querías estar, y con quién no... Aunque suene extraño, Claudia y yo, antes estábamos en ese grupito de los "guays", los que se creían los amos de la clase, pero nos dimos cuenta a tiempo que ese rollo no nos gustaba para nada, que lo nuestro era "mandar" por igual, sin ningún lider del grupo, y a día de hoy, sigo creyendo que no hay ningún lider... A menos que yo sepa, y que me haya dado cuenta... Porque últimamente con todo este follón, estoy muy desconcertada y muy perdida.
No quiero estar sola en el recreo, ni en las clases, tipo "forever alone"... Asique solo espero no tener que volver a juntarme con el grupito de los "guays" ni con la muy zorra de Vanesa...

Ahora que caigo, ¿y el paquete que me dió antes Fenn? ¡Voy a buscarlo ahora mismo!

Me dirijí corriendo a por mi mochila y dejé atrás los ejercicios de matemáticas, prometiéndome a mi misma terminarlos cuando viese lo que era ese extraño paquete.
Lo cojí con entusiasmo y son suma delicadeza. Me dispuse a desenvolverlo con cuidado de no romper nada al quitar el papel de regalo, y pude ver con claridad de que se trataba de una caja de madera.
"¡Pues vaya estupidez!" Pensé al segundo, pero al ver que se podía abrir la caja, retiré lo dicho mentalmente.
Abrí la caja, y ahora sí, de lo que se trataba el regalo era de un clavel de un color rojo tan intenso, que parecía sangre. Al lado pude fijarme que había una nota en la que ponía un simple: "Espero que te guste el significado".
¿Significado? ¡¡What the fuck!! ¿A qué coño se estaba refiriendo?
Bueno, da igual, dejé de lado el papel, y cogí el precioso clavel oliendo su precioso aroma. La verdad es que olía realmente bien, y que era un detalle muy bonito de su parte haberme regalado un clavel tan bonito como ese, pero, ¿qué significaba el mensaje de la nota?

Puse el clavel en un pequeño jarrón con agua, y guardé la nota dentro de la caja para no distraerme más, y es que a lo tonto ya había anochezido y yo todavía no había terminado los ejercicios de matemáticas, ni los de lengua...

¿Sabeis una cosa? No me gusta lengua, y es raro porque antes me encantaba, e incluso pensaba ser profesora de Lengua; pero todo eso cambió cuando en tercero empezamos a dar literatura... ¡No me importa la vida de un viejo cascarrabias que escribía poemas para expresar su inconformismo sobre el tipo de sociedad de esa época! Llamarme ignorante, pero no me importa su vida, y además de eso, tengo que aportar que la profesora que da la asignatura tampoco ayuda a que te encante la literatura, la verdad... En resumen, que es una amargada, y lo único bueno de ella, es que da unos buenos apuntes y te puedes ir enterando de lo que va explicando, si cambiase su actitud que tiene con sus alumnos, incluso me caería igual de bien que Sócrates.

Al terminar todos los deberes, ya estaba mi madre preparándome una gran cantidad de comida para cenar, porque según ella: "Si no comes bien, ni meriendas, se puede remediar en la cena". Asique, me mentalizé en abrir mi apetito a una buena cantidad de grasas y carbohidratos.

-¿Qué es esto?-pregunté a mi madre, mientras que con el tenedor cogía una especie de verdura rebozada en harina.
-Son verduras a la tempura.-dijo sin saber muy bien si lo que acababa de decir era del todo cierto.
-Ahhh...-dije, mientras que ponía cara de limón al probar como sabía.-Mamá, ¿no cres que te has pasado un poco rebozándolo tanto en esa especie de harina?
-¿Por qué preguntas eso, hija?
-Pues... Porque me saben más a aceite de freir, que a una saludable y sosa verdura.
-Bueno, pues así rellenas esos pantalones, ¡qué estás muy delgada!

Intenté pasar de entrar al trapo, porque sabía que ella estaba esperando ese momento para discutir sobre mi "delgadez", cosa que yo no veía por ninguna parte.

-Mamá, no estoy delgada-dije notando mi gran enfado que me estaba provocando aquella conversación.-Sólo por no haber comido lo suficiente al mediodía, no significa que quiera ser una de esas modelos esqueléticas que salen por la tele.
-¿Y entonces qué es?-dijo con un semblante preocupado.
-Pues...-me detení al meditar si debía contarle lo que me había pasado en el instituto, o si era mejor derjarlo pasar.
-Dime.-dijo, casi como si fuese una súplica.
-A ver... Es que es muy largo mamá...
-Bueno, hay tiempo hija, pero tú sabes que puedes confíar en mí, y contarme todo lo que quieras, ¿verdad?
-Sí, mamá... A ver, todo empezó el pasado viernes...

Y así, mientras que cenábamos ella y yo en la cocina (mi padre prefería ver la televisión en el comedor) le conté todo lo sucedido, toda la discusión y los malentendidos que sucedieron aquel día, y la decisión que había tomado. Cuando terminé de contárselo todo, la noté feliz, feliz por saber que aún yo confiaba en ella y le contaba todo aquello.
Lo único que me dijo mi madre al terminar, fue, que era mejor esperar, al menos una semana, y ver que sucedía, y si no se había arreglado nada, o las cosas iban a peor, que tendría que tomar cartas en el asunto.

Parecía absurdo, pero aquello, lo de hablar con mi madre, me relajó bastante, tanto que casi me hizo olvidar el regalo de Fenn. Pero casi, porque al ver ese hermoso clavel rojo me hizo que la comida de la cena se me revolviera a causa de los nervios... Y lo de Fenn, no se lo conté a mi madre (me pareció poco importante) además, creo que por el momento no es nada serio. Todavía no tengo claro si él quiere algo conmigo, pero algo formal, porque yo no me considero una de esas chicas que son de usar y tirar. No, aunque una vez lo intenté, pero al final siempre me acababa gustando demasiado el chico como parar romper con él, y es así como la mayoría de las veces han sido ellos quienes me han dejado, y no al contrario, ya que se cansaban de siempre lo mismo.
Y no, no llegaba a nada más con ellos, nunca lo he hecho; me parece un paso muy importante en una relación, y hasta que no esté segura de que él me quiere de verdad, seguiré siendo virgen. Yo no creo que lo de perder la virginidad sea muy doloroso, y por eso no tengo ningún miedo, el miedo es, si cuando lo haga con el chico que me gusta me deje, es decir, como a una chica de usar y tirar. Es eso a lo que temo, y no a otra cosa...

-¡¡Achús!!-no pude resistirme de volver a oler otra vez el clavel, haciendo que me produjera un gran estornudo.

Y en mi mente no paraban de surgir preguntas del estilo: "¿Qué significaba esa nota?" o también: "¿Y la flor? ¿La flor quiere decir que le gusto o que simplemente me ve como a una gran amiga en la que poder confiar?" . Y así, de esa forma me tiré horas y horas intentándo dormirme en mi cama, moviéndome sin parar, intentando coger una postura adecuada para conciliar el sueño. Pero creo que a las tres de la madrugada lo di por perdido, lo de poder dormir, me refiero. Asique sin dudarlo dos veces, encendí el ordenador, y estuve escribiendo una presunta carta de amor dirigida a Fenn. Presunta carta, porque tenía claro que no se la iba a entregar, me moriría de la vergüenza si la leyese y él no sintiese lo mismo por mí.
Y así, como quién no quiere la cosa terminé la carta, la fotocopié y la doblé con cuidado de no estropearla. La puse debajo de mi almohada en un intento de que si tenía algo relacionado con Fenn cerca de mí, podría soñar con él. Y con ese pensamiento, de querer soñar con él y de continuar lo que podría haber sido el pasado viernes, me dormí oliendo el aroma de ese clavel rojo.

Y es que, ese clavel me haría darme cuenta de una cosa muy importante en mi vida; y esa carta... Traería más problemas de los que yo hubiese querido en ese momento.

Discusiones 2.

Pasé hasta la hora del recreo sin hablar con nadie de la pandilla, no quería que supiesen que todavía no tenía una decisión tomada. ¡Parecen niños de guarderia con esas estupideces! Joder, que ya tenemos una edad... Bueno, sigo reflexionando en que debo hacer, pero lo único que se me viene a la cabeza es: "¡Comer!". Y es que si no como algo ya, no me voy a concentrar en la vida.
-¡Ey!-me gritó Anna a lo lejos.

¡¡No!! ¡No puedo hablar! ¿Y qué hago ahora? ¿Me hago la tonta y salgo corriendo? No es un mal plan, pero se daría cuenta. Ya sé hago como que alguien me llama a lo lejos.

-Ya voy, mmm, Pepita.-dije alejandome de Anna todo lo que podía, y dirijiéndome a la cafetería a comprarme un bocadillo que fuese tan grande que saciase mi hambre.

¿Pepita? ¿Y esperas que se lo crea? La verdad es que poner excusas no es lo mío... Y es que antes, cuando tenía siete u ocho años, lo mío eran poner unas excusas que hasta el tío más listo de la Tierra se las hubiera creído. Casi siempre, mis padres me recuerdan que cuando me chupaba el dedo (una pequeña manía que muy difícilmente la he podido superar) ponía la excusa de que solamente me estaba rascando el paladar... Vale, no es una excusa tan buena como hubieseis creído, pero tener en cuenta que solté eso cuando únicamente tenía cinco añitos. Pero creo que con el tiempo esa capacidad de poner excusas buenas se ha ido debilitando...
Compré mi bocadillo preferido: lomo con queso. Y salí disparada a un lugar donde sabía que no iban a ir.

-No se puede entrar con comida, Estrella.-me dijo una voz chillona antes de poder entrar a la biblioteca.
-Pero si ya solo me queda esto-dije, señalando el último bocado que me quedaba del bocadillo-, además yo voy a estar en silencio, no como el resto de gente que hay...
-Bueno, pues cómetelo antes de entrar, son las normas.-soltó mi profesora de lengua.

No tuve más remedio que hacerlo, y comerme lo que me quedaba de un solo bocado. Entré y cogí un libro para disimular y hacer que estaba haciendo algo constructivo allí. Intenté de veras leer, pero mi mente no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado, ¿por qué no podría volver todo a ser como antes?

-¡Bu!-susurró alguien detrás de mí, y yo como es inevitable en mí, pegué un grito que me tuvo que regañar mi profesora de lengua por soltar tan feroz grito.-Lo siento, no quería que te asustases tanto...
-Ya, bueno...-le dije a Anna.-¿Que quieres?- Lo que menos quería era encontrarme con ninguno de ellos en el recreo.
-Bueno, pues que todos, mejor dicho, yo y Patri, te estábamos buscando por todo el colegio...-me dijo en voz baja para que no nos hechasen una bronca otra vez.
-Ya.... Bueno, pues, ya me has encontrado-dije en un tono más alto de lo que yo hubiese querido.
-Solo queríamos hablar contigo y decirte que no estés tipo "Forever alone", ¿o es que te gusta estar así?

Ese comentario me hizo soltar una sonrisa, y es que nuestra manía por decir algunas palabras en inglés me gustaba mucho, e incluso a veces nos poníamos a hablar en inglés durante un largo tiempo, y es que teníamos que practicar idiomas extranjeros, para, según mi opinión, tener un buen futuro, o también, para ir de fiesta por ahí, y conocer a chicos guapos que hablen inglés, como opina Patricia.

-A ver, ni mucho menos me gusta estar sola, pero tienes que comprender que en estos momentos, lo único que me hace sentirme bien es estar reflexionando en la decisión que debo tomar.-dije al tiempo que la "voz chillona" nos decía que el recreo ya había terminado y que volviésemos a nuestras respectivas clases.

Al volver, tenía más claro lo que iba a hacer pero sabía que ninguno de ellos se lo iba a tomar bien... Pero, creo que es la única idea "buena" que me había venido a mi cabezita hasta ese momento.
Las siguientes horas no hablé con nadie y me "metí" en una especie de burbuja en la que lo único que escuchaba era mi música chill-out.

-¿Te encuentras bien?-me preguntó Fenn, que se acercó a mi mesa, sin que yo me diese cuenta.
-Eh-dije un poco aturdida-, si, lo único es que estoy un poco cansada, nada más.
-Ah, no sé, como no te he visto mucho hoy, a lo mejor pensé que estabas mal...-dijo, al tiempo que se sentaba  a mi lado antes de que vienese Sócrates.-Y... ¿Ya te has decidido princesa?-dijo con sorna.
-No. Bueno, sí-dije dudando de si la decisión que había tomado hace unas horas era la correcta.
-¿Y serias tan amable de comunicarmela, señorita?-dijo con una gran sonrisa blanca, ¿por qué se tenían que haber peleado? Ahora no podré pasarmelo igual de bien que antes...
-Por supuesto, caballero.-dije, siguiéndole la broma.-Pero ahora no, prefiero hacerlo cuando estemos todos juntos para que os enteréis bien, ¿está usted de acuerdo?-dije, sin poder apartar la vista de sus preciosos ojos.
-Mmm-decía mientras fingía estar meditando lo que le acababa de decir.-Vale, pero con una condición.
-¿Cuál?-pregunté un poco asustada por lo que me iba a pedir.
-Que aceptes esto.-dijo mientras extraía de su bolsillo una especie de paquete-Es para tí, pero por favor ábrelo cuando estés en tu casa, ¿vale?-me decía, cuando me fijé en que se había puesto un poco sonrrojado.
-Vale...-dije, cogiendo el paquete y metiéndolo en mi mochila, pero cuando me di la vuelta para preguntarle que era lo que contenía, él ya no estaba, se había ido a su clase.

El resto del tiempo en la clase, y como en las anteriores, estaba en mi mundo imaginándome como podría haber besado el viernes pasado a Fenn; él cogiendome con sus manos firmes mi cintura y acercándome a sus labios poco a poco, hasta que su aliento y el mío se entremezclaran, y sus labios acercándose a los  míos despacio, hasta que...

-¡Estrella! ¿Quiere hacer el favor de salir a la pizarra a corregir el ejercicio?-dijo Sócrates, haciendome despertar y volver a lo real.
-¿Eh?.... Sí, claro... Pero creo que no lo tengo bien, porque al hacerlo no entendía como se hacía.-dije rápidamente al darme cuenta de que no había hecho los deberes, ningún ejercicio, por pereza y porque en parte era verdad de que no entendía como hacerlo.
-Bueno, pues sal y lo haces ahora.

A Sócrates no se le engaña, pero como es uno de los profes que no te ponen negativos ni nada de eso si no traes los deberes, te permite hacer el ejercicio en la pizarra, al mismo tiempo de que también si no entiendes algo él te ayuda a hacerlo. De verdad, que cada día me cae mejor Sócrates... Incluso el año pasado me pillé por él... ¡Pero solo un poco! A ver, él es más alto que yo, con un aspecto mucho más jóven de lo que te podrías imaginar, con un cabello tan oscuro como la noche y una sonrisa que hace que te derritas, un aspecto viril y tan atractivo que me hizo pensar en él más de una vez el año pasado. Pero eso ya lo he superado, ahora solo le veo como un profesor atractivo que es muy simpático con sus alumnos.

-¿Ya lo has entendido?-me preguntaba al tiempo que yo volvía a mi sitio.
-Sí, aunque esta tarde practicaré más en mi casa.-dije mostrando una de mis mejores sonrisas.

Ya era la hora de irse a casa, y tenía que comunicarles a todos mi decisión, aunque sabía que no era muy buena para mí, a lo mejor de esa forma se darían cuenta de que es mejor que todos estemos bien, a que cada uno esté en un "grupito". Porque, de verdad, parecen críos de seis años con estas tonterías...

-¡¡Ssssh!! ¡¡Callaros de una vez!!-mandó Sandra haciendose oir ante el jaleo que producía que estuviésemos todos juntos en la salida del instituto.
-Gracias-dije con sequedad, no quería mostrar ningún sentimiento a ninguno de ellos, o si no, se pondrían a hacer conclusiones de "si yo voy con este o con el otro"-, a ver, creo que tras meditarlo este día he llegado a la respuesta correcta para esta gran pelea que teneís montada.
-¡Pero dilo ya!-gritó Claudia impaciéntemente.
-Vale, vale-dije a modo de que se tranquilizase.-He decidido, que como todo esto me parece una gran estupidez-al decir esa palabra todos se quedaron con cara de desprecio hacia mí- y que os estais comportando como unos críos, he pensado que estoy muchísimo mejor sola que con alguno de vosotros, y que hasta que no arregleis esto no pienso dirigir la palabra a ninguno, ¿vale? A ver, si así os dais cuenta de que lo mejor sería olvidarlo y estar como antes de lo sucedido al viernes.
-¡Pero no es tan fácil de olvidar, Estrellita!-protestó Patricia.
-Pues ese es vuestro problema, no el mío. Además, creo que necesito de veras un tiempo estar sola, y si consigo además que volveís a estar todos juntos, mejor que mejor, ¿no?-dije al tiempo que veía a mi padre que había llegado para llevarme de vuelta a casa.-Nos vemos.

Me dirigí corriendo a mi coche antes de que mi padre empezara a pitar para que me diese cuenta de que él había llegado y que tenía tanta prisa como yo de llegar a casa. Y es que, aún sigo temblorosa por la decisión que he tomado, no sé siquiera ahora, si es la correcta, pero ya no se puede volver a trás. Lo malo sería los siguientes días, ¿iba a estar todo el tiempo sola, o por el contrario haría nuevos amigos? Eso solo lo podría saber con el tiempo, y con mucha pacienza para lo que me esperara.

Discusiones 1.

Otra vez era lunes. A levantarse, vestirse con el feo uniforme, arreglarse para sentirse una consigo misma bien, desayunar un zumo y un colacao con galletas, y con un chicle de menta en la boca(que luego me producirá dolor en el estomago) me dirigí al instituto, algo que no me apetecía para nada, pero no me quedaba otra, además una de las cosas que me apetecía ese día era ver a Fenn. Con la despedida del otro día me quedé temblando en mi habitación de lo nerviosa que estaba, y después me costó bastante poder dormir con tranquilidad, y es que estas sensaciones cuando una está enamorada todo lo multiplicas por mil. Uno de los inconvenientes de estar enamorada, pero que se le va a hacer... Aunque como todo, también tiene sus cosas buenas, como sentirte querida por tu pareja, poder besar a alguien y que te devuelvan el beso con la misma pasión con que tú lo has dado, poder contarle tus inquietudes y experiencias a tu novio sabiendo que él te escuchará y te dará consejo... Pero claro, todas estas cosas buenas si el chico o la chica están por tí, porque sino, el amor es una real mierda. Y es que en la mayoría de mis casos con el amor han sido fracasos absolutos, pero no les culpo, porque tengo que reconocer que cuando me enamoro lo hago de verdad y me pongo un poco obsesionada con el chico: me lo imagino conmigo casándonos, teniendo dos hijas en una casa fabulosa, hasta teniendo relaciones sexuales... Y es que una mente adolescente le da por pensar este tipo de cosas, ¿o no?
Al llegar a la puerta del instituto no me encontré a nadie, y tuve que dirigirme a las escaleras que dirigían a la planta donde se encontraba el aula de 4ºB. Por el pasillo, yo pensando en mis cosas y en los labios carnosos y apetecibles de Fenn, me encontré a Marcos. Me dirigí corriendo hacia él para saludarle.


-Buenos días Marcos.-le dije mientras le ponía una sonrisa demasiado forzada, era por la mañana y lo que más me apetecía era dormir, no sonreír.
-Hola.-me respondió seco y con cara de pocos amigos.
-Esto...Marcos, ¿te ocurre algo?-le pregunté un poco preocupada por lo que le pasaba.
-No.-me volvió a responder de la misma forma que antes.
-Pues no se nota, porque parece que te ha sentado algo mal del desayuno por la carita que me llevas...-le dije ya un poco enfadada con él por esa actitud que mostraba.
-Estrella, no estoy de humor, lo que pasó el viernes no me sentó nada bien...-y dicho esto se dirigió al baño donde seguramente estarían los demás chicos.


Pero al dirigirme a la puerta del aula allí se encontraba Mario. ¿Por qué no estará con los demás chicos en el baño? ¿Y qué significa eso de que no le sentó nada bien lo del viernes?
Vale que era por la mañana y encima un lunes, pero es que no me estaba enterando nada en absoluto.
¿Qué podría haber sucedido el viernes? Hasta donde yo recuerdo es la movida que tuvieron Claudia y Ed, pero nada más porque luego vi que todos los chicos estaban bien entre ellos; sin embargo, Ed y Mario no se hablaban mucho...
Puede que sea eso, pero vamos, que ahora toca clase con Sócrates, y yo me lo paso genial con él, asique por el momento mejor olvidarlo y a otra cosa mariposa.


-Hola chicas.-las dije mientras que me sentaba en mi pupitre, y sacaba los libros de matemáticas.
-Ey...
-Hola.

Fueron como muchos los saludos que me dirigieron Anna y Claudia, las demás ni se dirigieron a mí. ¿Se podía saber que les pasaba a todo el mundo hoy? Porque yo ya me estaba empezando a preocupar de verdad sobre lo que había podido pasar, y es que lo que más me extrañó fue que Anna no estuviese hablando con Halcón; ya que todos los días por las mañanas, al entrar al aula siempre la veía hablando animadamente con él. En cambio, ese día, estaba en silencio y contemplando la pizarra mientras que Sócrates explicaba la lección, algo que yo también tendría que haber hecho, pero en lo único que se podía concentrar mi cerebro era en lo que había podido pasar el viernes cuando yo me fui.

-Estrella, ya que estás tan concentrada en la clase, al menos podrías abrir el libro por la página en la que estamos, si es usted tan amable, claro está.-me dijo Sócrates con ironía.
-¿Eh?-respondí volviendo a la clase y dejando atrás mis pensamientos.-Si, por supuesto, losiento, pero es que es por la mañana...
-¡Anda mi madre!¡¿Y qué?!-me dijo con una mirada escéptica.-Bueno... Al menos, ¿tienes los deberes hechos?
-Si.-respondí.
-Pues venga, sal y haz el ejercicio nueve, el apartado c).-dijo mientras que me daba una tiza.
-¡Profe yo iba a hacer ese! ¡Y te lo había pedido antes!-dijo una de las "tontas" de la clase, llamada Noelia, pero era más conocida por el nombre de: "la Noe rexulona", que además era la mejor amiguita de Vanesa...
-Pues tú haces el apartado d) y, ¡a callar!-respondió Sócrates.

Creo que por esos momentos que tenía el profe, era por lo que me caía tan bien y me parecía un gran profesor. Incluso a Claudia y a mí aveces, pensamos incluso que es atractivo, algo que las demás no lo piensan ni borrachas ya que Sócrates ya tiene sus añitos... Y sus algunas que otras canas en el pelo y arruguillas en los ojos. Pero aún así cuando apunta la lección en la pizarra y se agacha no puedo evitar mirarle el trasero, aunque no lo tiene muy bien porque está un pelín caído, no puedo evitar mirarlo, y creo que las demás de las chicas de clase les pasa igual, y es que nuestras mentes adolescentes no pueden evitar cosas de este estilo.
Mientras que ya terminaba de copiar el ejercicio en la pizarra oí a lo lejos a Noe decir: "y encima se creerá guay por hacer el ejercicio que yo iba a hacer" y a continuación unas risas agudas y gritonas me dejaron sorda. Me di la vuelta y pude ver a Noe que me miraba con superioridad, y sus amigas alrededor suya aún soltando alguna risita aguda.

-Muy bien Estrella, lo tienes bien, ya te puedes sentar.-me dijo Sócrates comprobando en el libro que el resultado era el que me daba a mí.
-Vale, pero antes quiero decir que Noelia, si tienes algo que decirme que sea a la cara, ¿entendido?-pensé, pero lo único que pude decir fue: "De acuerdo".

Si fuese un poco más lanzada y menos tímida, de verdad que lo hubiese dicho, pero como no soy así, me lo tuve que callar y gritarlo en mi interior deseando que Noelia lo pudiese oír telepáticamente, algo que dudaba mucho que podía hacer, ya que ni siquiera ella sabría lo que significaba.

-Chicas, luego quiero hablar con todas vosotras, ¿vale?-las pregunté dirigiéndome a todas.

Estaba harta de no saber lo que había sucedido para que ahora todas ellas estuviesen así, incluyendo a los chicos claro, ¿por qué tenían que dejar de lado a Mario en clase?
Cada minuto que pasaba me preguntaba más y más cosas de porqué todo estaba así, de esa forma, haciéndome suposiciones y conjeturas de lo ocurrido. Pero eso ya se acabó al terminar la clase. Mario y Patricia entraron rápidamente al ver que Sócrates había terminado la clase, y se vino donde estábamos nosotras y se puso a charlar un poco con ella, aunque en sus miradas había un brillo especial, que antes no había.  Me dirigí hacia las demás, y la primera que se dirigió a mí fue Sandra.

-A ver, ¿de qué quieres hablar?-me preguntó, mientras que cruzaba los brazos.
-Pues, no sé, ¿de porqué estáis así por ejemplo?-dije un poco enfadada, en ese momento pensé que este era un buen momento de encender la música chill-out.
-Pues porque sois unas exageradas.-dijo Marcos pasando el brazo por la cintura de Sandra.
-¿Ellas? Pero si sois vosotros que no tenéis corazón.-respondió Mario dirigiendo una mirada feroz a los chicos.
-Mira quién fue a hablar, el chico que nunca a tenido una relación seria.-dijo Sandra mirando a Patricia.
-¡Bueno, parar ya!, ¿alguien quiere decirme lo que pasó el viernes para que ahora esteis así?-dije alzando la voz para hacerme oír.
-Vale, lo explico yo.-respondió Anna.-Cuando te marchaste Claudia recibió una llamada de Ed...
-Hola chavales, ¿qué tal?-dijo Fenn al entrar al aula y chocando la mano con Halcón.
-Shhh, calla, que Anna está contando a Estrella lo que pasó cuando ella se fue el viernes a su casa.-dijo Claudia.
-Ah, bueno, pues losiento.-dijo mientras que me dirigía una de sus típicas sonrisas blancas.
-A ver, ¿por dónde me había quedado?-continuó Anna.-Ah, si, pues que Ed llamó a Claudia diciéndola que lo sentía muchísimo, que no lo volvería a hacer más, que él la quiere mucho, y que deberían de hacer como si nada de eso hubiese ocurrido. Bueno, mientras que mantenían esa conversación Mario se enteró y cogió el móvil de Claudia diciéndole a Ed que no tenía ningún derecho a decirle ahora esto a Claudia después de lo que había pasado, y que nunca debería de haber puesto de ejemplo en su, y recito las palabras exactas de Mario: "mierda de prueba", a Patricia porque él está por ella, bueno, él no dijo que estaba por ella, dijo:  "es una chica muy especial para mí y sabes muy bien porqué" , en resumen los demás chicos se enfadaron con Mario por decirle eso a Ed, que todo el mundo tenía que tener segundas oportunidades en la vida y cosas de ese estilo, pero como Sandra y Lucía también pensaban que esa tontería era verdad ahora están enfadadas con nosotras.
-A ver, ¿entonces ahora están están enfadados contigo-dije refiriéndome a Anna-, con Patricia, Claudia y Mario ellos?-dije señalando a Ed, a Fenn, a Halcón, a Marcos y a Sandra.
-Sí, y Lucía también va conmigo.-aclaró Sandra.
-Vale...-dije pensando en una pregunta que esperaba que no me la formulasen: ¿con quién tengo que ir?

Me aparté de ellos dirigiéndome al pasillo pero el profesor de educación física había llegado, ¿pero por qué? Hoy no tocaba chándal, sino uniforme, además teníamos lengua en ese momento.

-Profe, ¿ qué haces aquí?-pregunté confusa.
-Pues que las profesoras de lengua han tenido hoy una excursión con los de 2º, asique podéis hablar, pero en bajito.-dijo, pero sabía que eso no sería posible, nunca lo es...

Vi que toda la pandilla se dirigía hacia mí, mientras que Mario, Fenn y Patricia salían del aula.
La única que se dirigió hacia mí, fue quién me contó todo lo sucedido: Anna.

-Bueno, Estrellita, creo que deberías saber que esta discusión es en serio, y que deberías de tomar un camino.
-¿Qué?-respondí.
-A ver, que decidas con qué grupo quieres estar, con ellos o nosotras.-me dijo Claudia.

Pero yo estaba lo suficiente nerviosa como para seguir sin responder aunque me lo repitiesen mil veces mas, y es que a la primera lo había entendido, pero me negaba a entenderlo. ¿Escoger uno de los dos grupos? ¿No había uno intermedio? Esto de elegir no era lo mío, y ni lo sigue siendo, pero debía de escoger, ¿pero a quién? ¿Qué criterios tomo para decidirme? ¿Lo hago a pinto, pinto, gorgorito? Pero mi decisión tendría un cambio importante en el futuro con la amistades... Lo único que deseaba en ese instante era poder elegir la opción correcta.

Quedada con la pandilla 3.

Todavía alejada de Fenn podía oler su aroma, y sentir sus dulces labios en mi mejilla aunque ya hubiese pasado hace un buen rato. Mi cabeza daba vueltas por todo lo que me estaba sucediendo, y es que lo más sorprendente era que por fín estaba teniendo suerte con el amor, algo que antes no me sucedía. Sino todo lo contrario, tenía una mala suerte... Sobre todo con el chico de 1º de la E.S.O. pero eso ahora no importaba, tenía que olvidar el pasado y centrarme en el presente.

-¿Estás bien? Te veo un poco distraída, por decirlo de alguna manera...-me dijo Fenn que se puso a andar a mi lado.

Estábamos subiendo al Robledal, os explico: donde yo vivía era un pueblo dividido en urbanizaciones, y una de ellas era el Robledal donde vivían Fenn, Halcón y Ed. Para llegar hasta el Roble, que es así como lo solíamos llamar, teníamos que subir una cuesta de la que en dos minutos estabas rendido, y no te quedaban fuerzas; pero en verano, cuando hace ese típico calor del que al salir a la calle te viene una oleada y no puedes parar de abanicarte, aunque sea con la mano, era mucho peor, como si aquello fuese un castigo. Ese viernes tuvimos la suerte de que aunque hacía calor, y tenía que estar uno en manga corta, de vez en cuando había un vientecillo que nos refrescaba, aunque fuese muy leve. Pero aquello nos servía de alguna manera para poder seguir adelante en la cuesta, hasta llegar a un parque que hay antes de llegar al Roble, donde había sugerido Lucía que fuésemos, ya que en el parque de Patri nos estábamos empezando a aburrir.

-No...Solo estoy cansada de andar, esta ha sido la primera semana de instituto, y yo que estaba acostumbrada a levantarme todos los días a las once y media o así, estoy hecha polvo como comprenderás.-aunque no le mentí, esas razones no eran las únicas de que yo estuviese "distraída" como dijo Fenn.
-Ah, bueno, en ese caso no tengo de qué preocuparme, ¿eh?-dijo y al instante me acercó a él en un abrazo fuerte y reconfortante pero rápido, con el que me llené de energías suficientes para llegar al parque.
-¡¡Ehh!!¡Parejita!¡Ir a un hotel, que aquí hay gente!-nos gritó Sandra y Patricia.
-¡Os queréis callar!-la grité apartándome más de Fenn, y sonrojada como un tomate,  ¡me moría de la vergüenza!
-Claro, nos tenemos que callar porque les estamos interrumpiendo que se están confesando que...-no pudo continuar porque fui corriendo hacia ella para callarle la boca con la mano.
-Tía, joder...No sé para qué os cuento nada, si luego lo vais soltando a los cuatro vientos...-le dije mientras que le quitaba la mano de su boca con la esperanza que no volviese a continuar la frase.
-A ver, que nunca lo diríamos, solo lo hacemos para divertirnos un poco, pero nada más.-me dijo Patri intentándome tranquilizar, algo que yo dudaba mucho que podría hacer.
-Eso, Estrellita, solamente lo hacemos para que todos pasemos un rato de risas y diversión.-me dijo Sandra apoyando su brazo alrededor de mi cuello.
-Bueeeno, vale, pero porfavor no lo hagáis más, porque al final se va a enterar de que yo...-Lucía que también estaba escuchando la conversación me tapó la boca antes de que yo dijese "estoy locamente enamorada de él".
-Hola chicas, ¿ya habéis solucionado vuestros problemas, y esas cosas?-dijo Fenn acercándose detrás de mí. Menos mal que Lucía me tapó la boca, que sino...
-Si, claro, no hay ningún problema, tooodo solucionado.-respondió Lucía con voz nerviosa.
-Bueno, ya hemos llegado al parque y me muero de sed, ¿me acompañáis a beber agua a la fuente de allí?-dijo Patricia cogiendo a Lucía y a Sandra por la mano arrastrándolas hasta la fuente; estaba claro que sus intenciones eran que yo me quedase sola con Fenn, pero cada vez me ponía más y más nerviosa sin saber  decir nada coherente.

Fenn se rió al verme, su risa me estremeció, ¿se reía de mí?

-¿De qué te ríes?-le pregunté a la defensiva.
-¿Yo? Denada, solo que cuando me pongo...-¡ay madre!-Nervioso me entra la risa nerviosa.-¡fiú! Menos mal, si es que...¡Qué mal pensada que soy! Creo que ya sé porqué me pusieron el nombre de S.M.

Ahora era yo la que se puso a reír a carcajada limpia, por haber pensado eso de Fenn, no digais que vosotros no lo hubieseis hecho,  ¿no? Además dejó en el aire la frase justamente cuando dijo "me pongo" y luego continuó, pero lo hizo asique es normal que una adolescente como lo soy yo, piense así, ¿no? Porfavor, decirme que sí, y que luego todo esto de mayor se me pasará, que no me puedo creer que hasta cuando tenga hijos me sigan llamando S.M.

-Y bueno, ahora, ¿de qué te ríes tú?-me preguntó sorprendido Fenn, aunque yo no podía parar de reir, hice un esfuerzo en contenerme la risa y poder hablar con él sin que me saliese otra vez la risa de rata haciendo el amor, como decían mis amigas...
-Por tonterías mías, y pensamientos que no tienen que ver con lo que hablamos.-le dije sonrriéndole, mirando sus brillantes ojos.
-¿Y cuales son tus pensamientos? Si se pueden saber, claro.-dicho esto nos sentamos en un banco.

En frente de él había unos columpios donde Anna y Halcón se columpiaban levemente y no paraban de sonrreirse mutuamente, a la derecha del banco había un tobogán donde arriba se podía estar hablando tranquilamente como lo hacían Sandra y Marcos. Me tenía que acordar de preguntarle luego a Sandra si había algo entre Marcos y ella, jamás los había visto así de cerca. Patricia, Claudia y Lucía hablaban animádamente mientras que Ed y Mario casi ni se dirigían la palabra.

-¿Mis pensamientos? Unos de S.M.-le dije mientras que al instante me arrepentí de haberlo dicho.
-¿S.M.? Son las iniciales de...-me dijo para que yo le contestase, pero tenía claro que no le podía decir el verdadero significado: Salida Mental...
-Esto...Pues...La verdad, es que significa...Superdotada Mental.-le dije con voz temblorosa, no se me había ocurrido nada mejor...
-¿A si? Qué raro, creía recordar que Claudia me dijo que eso significaba Salida Mental.-me dijo estirándose y poniéndose cómodo mientras que esbozaba una gran sonrisa de superioridad.
-Bueno...-le tenía que decir la verdad, sino nunca confiaría en mí.-Claudia te lo dijo bien, ese es el verdadero significado.-le dije arrepentida, agachando la cabeza por miedo a lo que me respondiera.
-Estrella.-me dijo cogiéndome de la barbilla y haciendo que le mirase directamente a sus ojos, eran preciosos, y cada vez que me tocaba una oleada de escalofríos me recorrían el cuerpo.-Tranquila, ¿vale? Solamente es un apodo que te pusieron, pero que sepas que no eres tan S.M. como Mario, ahí donde le ves aunque parezca un chico de lo más educado y que no habla de sexo, te equivocas, es todo lo contrario, y...
-Bueno, no presumas tanto, porque seguro que tú también eres como él.-le dije acomodándome yo también en el banco y alejándome un poco de Fenn, me ponía muy nerviosa al estar a su lado, y más cuando me tocaba.

Fenn se rió tanto que todos se giraron para mirarle, y Anna aprovechó para mirarme y guiñarme el ojo, como queriéndome decir "muy bien por ligar con Fenn, además hacerle reír eso suma puntos para enamorar a un chico" Seguro que eso era lo que estaría pensando en ese momento. Yo también me uní a la risa de Fenn, me resultaba contagiosa, pero todos se nos quedaron mirando extrañados, y eso hizo que me riera aún más, pero Fenn paró ya de reír, y creía que yo también debería de haberlo hecho, pero no podía parar, hasta el punto en que ya me callé la risa porque todos me observaban como antes a Fenn.

-Lo siento.-dije todavía con una risilla que se me escapaba.
-¿Por qué? Es muy bueno reir.-me dijo Fenn, haciendo que los demás volvieran a sus conversaciones.-Además, Estrella, me gustan las chicas que se ríen.-me dijo haciendo que un nuevo escalofrío me recorriera todo el cuerpo.
-Ya...Oye, ¿por qué Mario y Ed y casi ni se hablan?-dije intentando cambiar de conversación.
-Bueno, pues porque a Mario no le ha gustado nada que utilizase para su prueba a Patricia.-dijo decepcionado, seguramente porque cambié el tema de conversación.
-¿Entonces Mario está por Patri?-le pregunté sorprendida.
-A ver, no es que esté locamente enamorado de ella.-eso me sonaba...-sino que le parece una tía interesante y le gustaría que fuese su novia.
-Jo...-dije decepcionada.-¿Él se ha enamorado alguna vez?
-Pues la verdad...No, y creo que la chica que lo enamore debe de ser una gran chica, porque para enamorar a un picaflor como él... Es muy difícil.-dijo acariciándose la muñequera que llevaba puesta.
-Bueno, ¿qué tal está tú muñeca?-le dije.
-Bien, es que mi hermano cuando se pone pesado y a jugar conmigo lo hace muy enserio, pero en el fondo no lo hace con maldad, solo tiene siete años, creo que no lo hizo a propósito para hacerme daño...¿No?-dijo levantando una ceja.
-Bueno, quién sabe, alomejor, va de niño bueno, y luego es un psicópata que su único objetivo es asesinarte.
-Gracias Estrella me has tranquilizado mucho.-dijo irónico.
-Denada, es un placer.-le dije esbozando una gran sonrisa.-Bueno, y además tendrás que hacer los deberes y eso, porque tu eres diestro, ¿no?
-Si... Pero como hay por ahí algún tonto que otro le puedo chantajear para que me hagan los deberes.-me quedé sorprendidísima al escuchar esto, no podía creer que él fuese el típico vago, que no hace ni el huevo...
-Ya...-dije con cara de "por qué me tendré que haber enamorado de un tío vago..."
-Estrella, que es una broma, los haré yo, y más que nada porque mi madre me obliga, me dice que no quiere que sea el típico chico que luego vive con sus padres hasta los cuarenta.-me dijo levantándose.
-¿Qué pasa?-le dije confundida.
-Bueno, pues que tú tienes que estar en tu casa a las nueve o así,  ¿no?
-Sí.-le respondí mientras que ya lo empezaba a comprender.
-Bueno, pues vamos bajando, porque no quiero que lleguéis tarde.-me dijo extendiendo su mano para que me levantase.
-Vale, ¿pero tus padres no te van a regañar?-le pregunté mientras que me levantaba ayudándome de su mano fuerte y suave.
-No, tranquila, me han dicho que puedo llegar a la hora que quiere, siempre y cuando no sea después de las doce de la noche.-dijo mientras que bajábamos juntos la cuesta, donde los demás también se bajaban, excepto Halcón y Ed que se despidieron de nosotros y se fueron a sus respectivas casas.
-Bueno...Voy a hablar con Sandra de un asuntillo, ¿vale?-le dije mientras que le tocaba su hombro y comprobando que estaba fuerte.
-Vale.-dijo sonriéndome y acariciando mi mano que tenía apoyada en su hombro, Fenn me hacía que cada roce suyo se me pusiera la carne de gallina.
-¡¡Sandra!!-la llamé mientras que me acercaba a ella, y como era de esperar estaba conversando con Marcos.-¿Puedo hablar contigo a solas?-lo último lo dije mirando a Marcos con una sonrisa.
-¡Vale, nena ya me voy! Y Sandra, no me heches de menos.-le dijo mientras que yo me quedé petrificada de la sorpresa.
-Sandra, vamos a ver, ¿estás saliendo con Marcos?-la dije sin seguir creyéndome lo que acababa oír de Marcos.
-¡¡No!! Eso es lo que me gustaría, pero no.-dijo con tranquilidad y serenidad, mostrando que ella nunca perdía los nervios.
-¿Qué? Y entonces porque no habéis parado de hablar entre vosotros dos y no estar separados ni un solo segundo, y ¡Qué coño! ¡Lo que te acaba de decir! "Sandra no me heches de menos".-dije imitando la voz de Marcos y poniendo morritos como si fuera un chico ligón.

Sandra se puso a partirse de risa, mientras que las chicas venían y dejaban a Marcos, Mario y Fenn hablando animadamente. Seguía sin poder creer que no estén saliendo ni nada de eso Sandra y Marcos, para mi opinión creo que se gustan mutuamente y además los dos saben que se gustan pero no lo dicen por miedo de hablar del tema, bueno, o almenos eso es lo que pienso yo...

-Tía, no estamos saliendo, pero estamos a gusto el uno con el otro.-dijo Sandra.
-¡¡Uy!! ¡Aquí hay rollo!-dijo Patri mientras que se ponía a mi lado.
-¡¡Ya verás como dentro de na' y menos os estais morreando a la salida del colegio!!-gritó Claudia.
-¡Tía, calla, que aver si se van a enterar!-dijo Sandra.
-Si ya os estoy viéndoos hasta meteros mano y todo.-dijo Anna, mientras que todas nos reímos incluso Sandra que estaba un poco a la defensiva porque se negaba a creer que lo que decíamos era la verdad.
-Bueno, Sandra, me tengo que ir ya, dame un beso, ligona.-dijo Lucía, y luego se despidió de las demás y de los chicos, mientras que nosotras seguimos hablando hasta llegar al parque de Patri.

Me acordé que antes había visto a Claudia distinta con Ed, y es que con lo que había pasado esa tarde no era de extrañar que ella estuviese así, y de verdad que me sentía muy identificada con ella. Porque el dolor que una siente al saber que un chico está jugando contigo o que simplemente te rechaza porque no eres su tipo, ese dolor es parecido al fuego que te consume por dentro y una agonía inmensa con impotencia por no poder hacer nada al respecto, y lo único que te sale en esos momentos para desahogarse una es llorar, llorar hasta que no queden lágrimas en los ojos, porque es inevitable en esos momentos no hacerlo. Y ese dolor de verdad que no es plato de buen gusto, y que no se lo recomiendo a nadie. Y sabía que debía hablar con ella, porque necesitaba desahogarse con alguien y que no fuese llorando, sino charlando apaciguadamente.
Me acerqué hasta ella y me senté a su lado. Noté que una lagrima le recorría su pálida piel.

-Tranquila.-la dije mientras la abrazaba.
-Es que no puedo comprenderlo-dijo apartándose un poco de mí-.De verdad que no puedo, yo que soy una chica que soy libre, y que paso de chicos, no puedo enamorarme, ahora no.
-Bueno, el amor es así, no llama a la puerta, y menos a las chicas que nunca se han enamorado antes, pero bueno, si te digo un consejo que me dijo Patri cuando yo estaba enamorada por un tío que no lo estaba por mí, es que no te hagas ilusiones nunca, porque hasta el chico del que estamos enamoradas, nos podrá decepcionar alguna vez.-le dije mientras que me levantaba debía irme ya.
 -Gracias Estrellita.-me dijo incorporándose también y dándome un abrazo.
-Bueno, daros por besados y besadas, que me tengo que ir ya, ¡adiós!-dije mientras que me despedí con la mano dirigiéndome a la calle donde se encontraba mi casa.
-Espera Estrella.-dijo Fenn mientras que venía corriendo donde me yo encontraba.
-¿Qué pasa?-dije sorprendida.
-Bueno, pues que te acompaño a tu casa.-me dijo.

¡¡Qué fuerte!! Aunque parezca extraño nunca antes un chico me había acompañado hasta mi casa, aunque lo primero que pensé cuando me dijo aquello fue: "qué típico...podría ser más original, pero bueno Estrella para ser tú esto esta muy bien y no debes quejarte" Mis pensamientos expresados en su naturaleza más pura... ¡Qué paridas!...
Al llegar a la puerta de mi casa me quedé mirando sus ojos brillantes a la luz de las farolas que iluminaban las calles. No sabía que hacer en ese momento, y una pregunta no paraba de rondar mi mente, ¿él estaba por mí? ¿O solo lo hacía porque era su mejor amiga? Sandra y Marcos están muy juntos y todo eso y solo son mejores amigos, nada más, alomejor Fenn y yo eramos eso también.
Me quedé helada cuando Fenn me sonrió con su dentadura blanca y perfecta y acariciándome con su mano mi brazo, y acercándose cada vez más y más hacia mí. Yo inmovilizada estaba rígida como una piedra, cuando al instante me di cuenta que sus labios se estaban dirigiendo a mi boca, ¿pero no se debe decir primero que se quiere a la otra persona y luego besarse?
Rápidamente, acerqué mis labios a su mejilla, antes de que él pudiese darme un beso.

-Esto...Hasta el lunes Fenn.-le dije mientras me dirigía al interior de mi casa.

Pude observar que Fenn se quedó allí sonrriéndo y acariciando con suavidad su mejilla donde yo había depositado un beso tierno y nervioso. La sonrisa que tenía Fenn se debía al nerviosismo que le recorría su cuerpo, y es que él hubiese querido otro tipo de despedida, pero por el momento era suficiente. Aunque yo no se lo iba a poner tan fácil como él había esperado, y esque en el parque de Patri al irme yo, sucedería algo inesperado que tendría consecuencias entre la amistad y el amor en la pandilla...

Quedada con la pandilla 2.

No me lo podía creer, Fenn no estaba allí, todos, pero todos estábamos reunidos en el parque de Patri  hablando entre nosotros exceptuando a Fenn. Y empezaba a dudar cada segundo que pasaba a que viniese. Mi nerviosismo y mi enfado también iban aumentando con los pasos de los segundos. Pero nada, no venía.

-¿Estás bien?-me preguntó Ed, al acercarse a mí.
-¿Eh? Sí, estoy bien, tranquilo.-le dije intentándo sonrreirle, algo que me resultaba muy difícil en esos momentos.
-Pues creo que eso no es así... Vamos, te veo triste, y se te nota a leguas además.-dijo acercándose a mí.
-Ya bueno, problemas con mis padres, nada más.-mentí.
-Bueno, si necesitas ayuda no dudes en venir a mí.-me dijo sonrriéndome con su piel pálida como la nieve.
-Vale, y bueno, lo mismo digo, que si necesitas ayuda, no dudes en venir a mí.-dije imitando su voz.-Por ejemplo con chicas, con chicas góticas, con una amiga mía, nosé, por ejemplo...
-Lo tendré en cuenta, pero quiero decirte, que Claudia no es la chica que me interesa.-me dijo sonrriéndome acercándose cada vez más hacia mí.

Me quedé elada al escuchar eso...¿Era una insinuación? ¿No? Pero eso no podía ser, él no me gustaba para nada, además Claudia está locamente enamorada por primera vez de Ed, y yo no podía meterme en medio de los dos. ¡Pero esque Ed es el que estaba haciendo que me metiese entre los dos! ¿Y yo qué podía hacer?, si era la primera vez en mi vida que me ocurría algo así, si yo como mucho le he gustado a un chico, y na' más, que no me metía antes en estos líos amorosos. Pero como tengo un don de meterme en problemas, me tenía que ocurrir esto a mí...¡Qué suerte la mía!...

-¿Pero no te gusta Claudia?, si es super guapa, y gótica, ¡como tú!-le dije intentando convencerme a mi misma que eso no me podía estar sucediendo.
-Bueno, hay que reconocer que está bastante bien, y que al principio fue ella la que me atrajo, pero ese punto de locura que tiene ella no me gusta, aunque sea gótica.-me dijo.
-¿¡Qué?! ¿Pero por qué? Además ¡¡yo soy una chica muy loca! ¡¡Estoy loquísima, que cuando hay piscina salgo a la calle en invierno en manga corta!!-le dije saltando, imitando que estaba tan loca como le acababa de decir.
-Pero, Estrella, te voy a decir unas cuantas cosas claras, yo soy el típico chico que le gustan varias a la vez, y que solo me conformo con lo mejor, y que una de las chicas que me gustan de aquí son Claudia, Patricia, y tú. Y estoy a la espera de que algunas de vosotras me corresponda.-dijo peinándose con sus blancas panos su pelo negro como los cuervos.

Me quedé estupefacta cuando me soltó eso. Y esque por lo visto él aparentaba otra cosa por fuera, pero cuando le ibas conociendo ibas descubriendo como era de verdad por dentro. Y yo no me podía quedar de brazos cruzados ante lo que me dijo, debía contarselo primero a Claudia y después a las demás, porque esto no podía callármelo.

-Bueno, ¿pues sabes qué?, Ed. Voy a contárselo a Claudia esto que me acabas de decir.-dije dirigiéndome a donde se encontraban Claudia, Anna, Sandra, Patri, Lucía, Marcos, Mario y Halcón.

Noté que Sandra y Marcos estaban muy cerca el uno del otro, demasiado cerca para mi opinión. A lo mejor me había perdido mucho de la conversación que estaban manteniendo, y podía que ahora fuesen novios, ¿no? En todo caso, debía de decirlas lo sucedido con Ed, pero puede que Claudia se lo tomase mal, muy mal, porque conociéndola ella tenía muy mala leche, sobre todo con el tema de los chicos. Pero tenía que contarselo, aunque empecé a dudar si debía contárselo o no. ¿Y si primero se lo decía a Patricia y que luego ella me dijese lo que era mejor? Sí, creo que eso sería lo correcto.

-Oye Patri, ¿puedo hablar contigo a solas un momentito, plis?-dije intentando no mirar a Ed que me había seguido y que se encontraba justamente a mi lado, rozando su brazo con el mío.
-Sí, claro.-me dijo acercándose a mí, y dirigiéndonos a la parte de arriba del tobogán donde nadie nos podía escuchar.-Bueno, tú me diras, ¿qué pasa?
-Esto... Aver por donde empiezo...
-Por el principio.-dijo sonrriéndome, pero al ver que yo no sonrreía se le borró de la cara la sonrrisa.
-Como has podido obserbar antes, Ed y yo hemos estado hablando.-dije intentándo que mi músiquilla chill-out estuviese al volumen máximo, porque estaba demasiado nerviosa.
-Sí, le he dicho a Claudia que se relajase, porque se estaba poniendo un poco celosilla.
-Estupendo...-dije con voz apagada.
-¿Por qué? A ver, ¿qué te ha dicho Ed?-me preguntó esta vez más interesada por saberlo.
-Pues, que él es el típico chico que le gustan varias a la vez, y que si pica alguna la caña genial para él, pero que solo escoge lo mejor, y que entre las chicas que le gustan en este momento son: Claudia, tú y yo.-dije de corrido, pero Patricia me había entendido perfectamente con la cara de sorpresa que puso, haciéndo como si sus ojos se iban a desorbitar.
-¡¡QUÉ!!-más alto no podría haberlo gritado Patricia.
-¡Tía callate!-dije intentando que bajase el tono de voz.
-¡¿Como qué me calle?! Que ese gilipollas está haciendo sufrir a Claudia, y encima ella es la primera vez que se enamora de un chico, ¡¿Cómo coño quieres qué me calle?!-dijo más bajo que la última vez, pero aún seguía gritando, y la música chill-out que había dentro de mí, había desaparecido completamente porque todo mi cuerpo desbordaba nerviosismo: entre que Fenn no estaba, Ed estaba por tres chicas a la vez y que Patri iba a hacer que se enterase Claudia, ¡eso era un caos!
-¡¡Quieres parar de gitar!!-dije gritando ahora yo.
-¡Pues tú tampoco grites!-me miró escéptica.-Si tú no gritas, yo no girto, venga, que te lo prometo.
-Vale.-dije con un suspiro.-A ver, ¿deberíamos contárselo a Claudia?-le pregunté sin rodeos.
-Pues creo que sí, aunque se va a poner hecha un basilisco cuando se entere de todo esto...-me dijo Patricia bajando por el tobogán y dirigiéndose donde se encontraban toda la pandilla, excepto Fenn, bueno, a decir verdad con todo lo que estaba pasando me había olvidado de él completamente, aunque en ese instante volvió a mi mente e incluso su perfume.
-¿Pero qué os pasa chicas?-nos preguntó Marcos que seguía estando muy cerca de Sandra, luego debía preguntarla qué me había perdido para que llos dos estubiesen tan juntos.

Mientras tanto Anna estaba hablando con Halcón, y la noté ese brillo en los ojos que se le ponen a uno cuando está enamorado de alguien, a Anna y lo más sorprendente que a Halcón también, ¿pero él no era un alma libre, como me había contado Fenn? Alomejor era un indicio de que Anna puede enamorar hasta a una serpiente, y esque ella era una chica muy guapa y con una melena rizada que volvía loco a cualquier chico, como en este caso a Halcón, que cada vez sin que él se diese cuenta los dos estaban más juntos y no paraban de hablar y reírse. Una punzada me atravesó el estomago, ¿eran celos? Podían ser, porque ver a tus amigas que están tan felices con los chicos que les gustan y que les va bien, eso me jodía un poco, ya que yo ni siquiera estaba al lado de Fenn. ¿Por qué no había venido todavía? Seguro, que ya ni siquiera iba a venir, eran las siete, y aunque a mí me dejaban hasta las nueve, y aún había sol, tenía la sensación de que no iba a venir.
-Sí.-dije.
-No.-me contradijo Patricia con el tono de voz cabreado, y esque no era de extrañar, yo también estaba enafadada aunque no lo pareciese.
-¿Y eso?-preguntó esta vez Lucía, que no era la única que no tenía al lado a Juan, su amor desde 2º de la E.S.O. pero Lucía no paraba de hablar con él con el móvil, para convencerle que se viniese con nosotros, pero según lo que nos contaba Lucía él prefería quedar a solas sólo con ella.
-Pues que Ed está por Claudia, Patri y por mí.-dije esta vez ya más enfadada.
-Tu eres tonta.-me dijo Patricia hechándome una mirada fulminadora queriéndo decirme que no debía haberlo soltado tan a la ligera, y esque debía de haberlo dicho más sutilmente.
-¿Qué?-dijo Claudia con la voz quebrada, y empezándose a humedecer los ojos, llenándolos de lágrimas, haciendo que el rimel negro que llebaba se le corriese por sus mejillas pálidas y rojas por la rabia que le consumía por dentro.-Pero, ¿por qué?-casi no se le entendía nada, ya que sus lloros no le permitían hablar con claridad.

Esa reacción de Claudia nos sorprendió a todos e incluso a los chicos. Claudia, siempre que le contaba que me gustaba un chico y que había llorado por alguno porque éste no me quería, siempre se enfadaba conmigo, al no comprender porqué lloraba por un tío que no merecía la pena, y siempre me decía que jamás iba a llorar por un chico, pero creo que eso no iba a poder ser, porque en ese instante lo estaba haciendo: lloraba por tío, y encima con lo fuerte que es por dentro Claudia, nunca me la había imaginado llorando por un chico, y menos por ese, que todas creíamos que iban a tener un futuro juntos.
Todas las chicas, al ver llorar a Claudia, fuimos a abrazarla y a consolarla, porque no se merecía pasarlo mal. Mientras, los chicos que se quedaron con cara de asombro, fueron a hablar con Ed de qué coño estaba haciendo, y nose qué rollos más, porque no podía estar atenta a lo que decían, solo en evitar que no llorase más Claudia. Hasta que vino Ed e hizo que nos apartáramos porque quería a hablar con Claudia.

-¿Ahora que quieres, cerdo asqueroso?-dijo Claudia intentándo que no saliese ni una lágrima más por sus ojos.
-Bueno, quería confesaros a todas y a todos, que os he mentido.-nos dijo precisando cada palabra que iba diciendo.
-¿Como que nos has mentido?-preguntó Anna.
-Sí, os he mentido, y os pido de verdad perdón, y sobre todo a tí, Claudia, porque...
-¡¿Pero en qué nos has mentido?!-dije con impaciencia.
-Pues en que solamente hay una chica en mi corazón, y esa eres tú.-dijo Ed.

Todos nos sorpredimos, no nos esperábamos eso para nada, y yo la que menos. ¿Sería verdad esta vez lo que estaba contando o estaría volviendo a mentir? Esperaba que dijese la verdad.

-Bueno, yo...Nosé que decir, por un lado estoy furiosa de que me hallas mentido, y por otro lado estoy muy sorpredida de que yo te guste.-dijo Claudia.-Porque para qué nos vamos a engañar, estoy enamorada de tí por primera vez, y dicen que el amor lo puede todo, ¿no?-prosiguió, antes de hacer una breve pausa.-Y esque tendrás que volver a ganarte mi confianza, porque aunque ahora sepa que me quieres, tendrá que pasar un tiempo para que salgamos y todo eso que hacen las personas enamoradas.
-Claudia, como se nota que es la primera vez que te has enamorado.-dijo Sandra abalanzándose hacia ella y dandole un gran abrazo, que imitamos todas las chicas, diciendo:
-¡¡Burguer cangre burguer!!

Los chicos se quedaron un poco sorpredidos, pero luego ellos también se unieron, diciéndo lo mismo, haciendo que todos estuviesemos en contacto en un abrazo que fue interrumpido por un nuevo visitante. ¿Os lo podeis imaginar, no? Porque sino es así, ya os lo digo yo quién era ese visitante: Fenn.

-Hola, ¿me he perdido algo?-dijo acercándose hacia nosotros.
-¿Por qué has llegado tarde, tío?-le preguntó Mario.-¿Y eso?-dijo señalando la muñequera que llebaba puesta en la mano izquierda.
-Pues como bien has podido obserbar, me he abierto un poco la muñeca haciendo el tonto con mi hermano pequeño.-dijo mirándome con su resplandeciente sonrrisa, y su olor que volvía a oler y que me volvía loca.-Pero no es nada, tranquilos.
-Haciéndose el machito, ¿eh Estrellita?-me dijo al oído Anna.
-Bueno, ¿no me dais un beso de bienvenida?-preguntó Fenn.
-Sí, claro, y Estrella la primera.-dijo Claudia empujándome hacia delante junto con Patri.
-Os voy a matar.-las dije en voz baja para que no me oyese nadie.-Esto... na' dejalas, son tonterias que tienen.
-Ya,ya...-dijo Patricia.

Fenn se rió un poco, esperaba que no fuese de mí... Qué vergüenza...

-Bueno, hola.-dije tímida acercándome más a él, pudiendo oler más de cercá su ya conocido perfume.
-Hola Estrella, estás muy guapa.-dijo acercándose hacia mi mejilla acariciando sus labios en un tímido beso que le devolví en su mejilla notando lo suave que tenía la piel.

En ese momento seguro que estaría roja de vergüenza, porque esas experiencias tan intensas no las había vivido nunca antes. Todo era demasiado fuerte, y notaba que no estaba preparada para lo que me vendría después. Y esque lo que quedaba de tarde iba a dar mucho de sí. Y esta vez la suerte en el amor, nos iba a sonrreir esta vez a mis amigas y a mí.

Quedada con la pandilla 1.

Cuando llegué al coche todavía sentía en mi mejilla los labios cálidos de Fenn, aunque todavía estaba resentida por lo del beso que se dio ayer con Vanesa, no podía controlar lo que sentía hacia él. Y esque cuando a mi me gusta una persona me empiezo a montar mil y una historias de lo que podría pasar con la persona que me gusta, pero eso sí, sin enamorarme, porque todo el mundo sabe que a estas edades el amor no existe, lo único que existe son las hormonas revolucionadas. Y esto lo tengo que tener muy encuenta con la experiencia que tuve en primero, cuando empecé el instituto, y lo que pasó fue que me fijé en un chico, que no era nada popular, es más, era un pringaete, y nadie le hacía caso, menos yo. Fui tan gilipollas... Que no pude controlar mis sentimientos, y fue la primera vez que de verdad me enamoré de un chico, pero él era tan gilipollas como yo, porque al enterarse de que yo estaba por él, me dejó de lado, toda la clase se enteró y se burlaron claramente de mí, y lo más fuerte, esque luego él se hizo popular hasta el día de hoy, pero eso sí, todavía no ha tenido ni una novia; y aunque me cuesta reconocerlo cuando le veo aún siento ese cosquilleo que sientes cuando te gusta alguien al verle. Pero no, porque tengo que tener clarísimo que él no es para nada mi tipo, y que con el único que puedo sentir ese cosquilleo es con Fenn. Por cierto, esta tarde quedaré con él... Y en cuanto llegue a casa y coma, me tengo que duchar y ponerme algo que me quede bien... ¡Aish! ¡Qué estrés! y porque además...

-Hija, ¿quién era ese chico con el que hablabas?.-me preguntó mi padre sacándome de mis pensamientos en el coche de camino a casa.
-Eh... Un amigo nuevo...-le dije intentando mostrar indiferencia.
-Ya... ¿A tí te gusta? ¿A que sí?- me preguntó.

Yo me quedé callada, no sabía que responderle, porque casi todas las veces que me gustaba un chico o que había salido con alguno, yo intentaba que mis padres no se enterasen, pero al final, lamentablemente, se acababan enterando de todo. ¡Y esque no sabía como coño lo hacían! Y me molestaba mucho además, porque yo no les preguntaba nada a ellos de la relación de mis padres, ¡pues que ellos tampoco se metiesen en mis historias de amor!
Mi padre se empezó a reirse, cosa que me estremeció. ¿Por qué se reía? Yo no veía la gracia en ningún lado...

-Bueno, ¿y por qué te ríes?-le pregunté.
-Pues porque si te has callado eso significa que estás por él.-dijo emitiendo aún alguna que otra risilla.
-Aver, papá, ¡que no me gusta! Además si me gustase, ¿habría algún problema?-le dije intentándo no mirarle a los ojos, me ponían nerviosa.
-No, ninguno, pero es bueno que nos lo digas a mamá y a mí.-dijo sin parar de sonrreir.-Bueno, ya hemos llegado, ¿hoy vas a quedar verdad?
-Si.-dije sin mirarle todavía a los ojos y entrando a casa.

Mi casa, se podía decir que ni es muy grande ni muy pequeña. Vivía en unos chalets con un patio, no muy grande, interior que ahí es donde estaban mis dos perritas de raza teckel.
Me dirigí a la cocina, que tampoco era muy grande pero para una familia de tres, estaba bien. Buscaba a mi madre pero no la encontré.

-Papá, ¿mamá se queda hoy a trabajar por la tarde?-le grité porque no sabía donde se encontraba mi padre.
-Si.-dijo abriendo la puerta de la cocina.-Y no grites, anda.
-Vale, y ¿qué hay de comer?-le pregunté mientras que miraba dentro de una cacerola, comprobando si se encontraba ahí la comida que hoy íbamos a comer.-Puaj, ¿tenemos hoy de comida oreja de cerdo?-le dije poniendo cara de asco.
-Si, pero como sabemos que a tí no te gusta, dentro de la nevera hay macarrones que he hecho yo hoy, especialmente para tí.
-Ah, menos mal, y ¡gracias!-le dije esbozando una gran sonrrisa.

Yo la verdad, esque si me daban a elegir a quién prefiero, si a mi madre o a mi padre, sin dudarlo dos veces, elegiría a mi madre. Y esque con mi padre, no tenía una buena relación por discusiones muy fuertes que tuvimos en el pasado. Y darle un beso a mi padre, en la mejilla, como que solo se lo daba al final del día, pero nada más. Me costaba bastante tener más contacto con mi padre, cosa que no pasaba con mi madre, para mí ella no me resultaba nada difícil darle un beso en la mejilla.

-Denada, y venga, pon los platos y los cubiertos.

Dicho esto, puse la mesa, y nos pusimos a comer los dos en silencio con los informativos de la televisión puesta, como únco sonido, bueno eso, y algunos insultos de mi padre dirigidos a lo que comentaban en la televisión. Y digamos, que yo también soy un poco de decir palabrotas, por aprenderlas de mi padre, que él solía ser el único en decirlas, y yo con mis amigas. Pero nunca con mis padres, porque sino me regañaban, cosa que me fastidiaba mucho, porque claro, mi padre puede decir todas las palabrotas que le salgan de ahí, pero yo no, porque como yo soy la hija, y no puedo decir palabrotas.... ¡Puta injusticia! Pero eso ya se acabará cuando tenga mi propia casa, con criada, mis dos hijas, y como marido: Fenn. Aish, ¡Qué guapo que es el jodio!
Cuando terminé de comer, le avisé a mi padre que me iba a duchar. Tenía que avisarles a mis padres cuando me iba a duchar, porque sino, podrían entrar como quién no quiere la cosa, y verme ahí, bueno, ya os lo podeis imaginar.

"¡¡Lolly, Lolly, oh, Lolly pop!!" Empezó a sonar mi móvil con la canción que el año pasado me pasó Anna, y que me gustaba mucho.

-¿Si?-pregunté al coger el móvil.
-Hola Estrella, soy Patri, ¿a las cinco menos cuarto voy a tu casa?
-Si, vale, oye, ¿tú que te vas a poner? Esque nosé si ponerme manga corta, o manga larga.
-Pues chica, ponte manga corta, que hace un calorazo, ¡¡y aún más cuando veas a Fenn!!

Empecé a reirme tanto, que casi me faltaba aire.

-Bueno, ¡qué se nos ahoga Estrellita hablando por el móvil!
-Ya, ya, ya se me ha pasado, bueno tía, que tengo que ducharme.
-Ok, luego a menos cuarto voy a por tí, ¿va?
-Vale, hasta luego.-le dije cogiendo la ropa que me iba a poner: una camiseta de panga corta un poco escotada y holgada de color morado clarito, y una de tirantes por debajo blanca, con unos baqueros y una manoletinas blancas.
-Adios.

Colgué en movil, y me dirigí al cuarto de baño con toda la ropa y me duché mientras que oía canciones de mi móvil , eso sí, el móvil estaba fuera de la ducha. Vale, digo esto, porque como soy tan tontita, el año pasado metí el móvil dentro de la ducha para escuchar mejor la música, y tuve la mala suerte de que se cayó al agua, y el móvil dejó de funcionar. Mis padres me hecharon una bronca... Pero lo merecía, aveces soy tan estúpida.
Al terminar de ducharme, me vestí y me dirigí rápidamente al cuarto de baño de la primera planta, que es ahí donde se encontraban los secadores, la plancha, la espuma, la laca... Y esas cosas.Empezé a arreglarme el pelo hasta que escuché a mi padre gritarme.

-¡¡Estrella!!
-¿¡Qué!?-dije mientras que me veía en el espejo como me había quedado el pelo de bien rizado con la nueva espuma que compró el otro día mi madre, y comprobando si el flequillo estaba bien liso.
-¡Tu amiga ya ha llegado!-me volvió a gritar.
-¡Vale! ¡Dile que pase!-le respondí saliéndo rápidamente del baño, para saludar a Patricia.

Me la encontré delante mia, y me abalancé para darle un fuerte abarzo.

-¡¡Hola!!-le dije mientras me apartaba y subía los escalones para dirigirme al cuarto de baño, donde me había duchado, y ahora me tenía que maquillar.
-Hola, ¿todavía no estás? Joe... ¡Qué lenta!-dijo mientras subía los escalones detrás mía.-Bueno, aunque no importa mucho, porque hasta que llegue Claudia, y esté lista Sandra...
-Bueno, que todavía hay tiempo, ¿no?- le dije mientras que ya me estaba maquillando.
-Si, por cierto, me gusta la camiseta que llevas, ¿es nueva? Porque no me suena habértela visto antes.
-Gracias, y sí, es nueva, la tenía reservada para una ocasión especial, y creo que hoy es el día para estrenarla.-le dije sonrriéndola.-Tú también estás más guapa de lo normal, es para impresionar a Mario, ¿ehhh?-la dije dándole con el codo.
-Puede, pero creo que yo no le gusto, tía mírame.-me dijo señalándose.-Mario, seguro que se fija en pivones, super delgadas, y esas cosas...
-Tía, ya sé porqué dices eso, pero Mario no es como el gilipo... De pantera rosa.

Pantera rosa, era el mote que le habíamos puesto al chico que le había gustado a Patri muchos años, pero por suerte, ella ya se había olvidado de él, y ahora el que le gustaba era Mario y no pantera rosa. Pero Patri lo pasó muy mal, porque el gilipo... De pantera rosa se burló de ella al saber que ella estaba enamorada de él. Pero el único chico que hay ahora en la vida de Patri es Mario, o eso es lo que pensaba.

-Ya, en eso tienes razón, y hoy estoy mucho más guapa, y seguro que camelo a Mario, ¡joder! Puto subnormal de pantera rosa-dijo Patricia alzándo la voz un poco.
-Tia, baja el volumen, que como nos oiga mi padre, luego me va a hechar una bronca por decir palabrotas...
-Ups, sorry.-me dijo sonrriéndome.-Bueno, ¿ya estás lista?
-Si, espera, que me tengo que hechar la colonia.-cogí el frasquito y empecé a rociarme por todo el cuerpo de coliona bastante rato.
-Joe, tia, que te la vas a gastar en dos días.-dijo cogiendo la coliona y poniéndola en su sitio.-¡Madre! ¡Como hueles a la fragancia de "amor amor"!-dijo bajando los escalones y yo detrás suya.

La verdad, esque cuando empezaba a echarme colonia me resultaba muy difícil parar, y además mi colonia preferida era "amor amor" y esque ese olor, me resultaba tan hipnotizante como la colonia que había podido oler hoy a Fenn.

-¡¡Adios papá!!-le dije sin obtener ninguna respuesta.

Patricia y yo, no dirigimos a "su parque" que estaba al otro lado de la calle donde yo vivía, y esque Patricia era vecina mía. Al llegar al parque nos encontramos a todos lo chicos y a Anna que estaba un poco coibida con tanto chico alrededor y ninguna chica.

-¡¡Chicas!!-nos gritó Anna dirigiéndose a nosotras y dandonos un abrazo a las dos.

Pude observar a Marcos imitando a Anna con los chicos, y ellos riéndose.

-¡Qué idiotas!-dijo Anna que pudo observar también como la imitaba Marcos.
-Pues si, son más tontos...-dije, mientras que buscaba con la mirada a Fenn.
-¡Y eso que son nuestros amigos!.-dijo Patricia, y nos reímos las tres.
-Ya... Oye Anna, ¿sabes si ha venido Fenn?-le pregunté, mientras seguía buscando con la mirada a Fenn.
-Pues lo siento Estrellita, es el único chico que todavía no ha venido.
-Jo...-dije bajando la mirada e imitando que me había puesto muy triste.
-Bueno, vamos al parque con estos lerdos, ¿o qué?-preguntó Patricia.
-Si venga.-dijo con entusiasmo Anna.-Tías, he estado hablando con Halcón, ¡y tenemos muchas cosas en común!-dijo suspirando y mirándole sin que él se diese cuenta.

Todas nos empezamos a reir mientras que nos dirigíamos al parque. Mirando a todos los chicos pude observar lo diferentes que eran cada uno, al igual que nosotras, unas personalidades distintas, formas de vestir cada uno y una a su rollo, y casualmente todos y todas pensando en la persona con quién nos gustaría pasar el resto de nuestra vida. Pero, esque esa tarde iba a dar mucho de sí, sobre todo para mis amigas, que tendrían por ahora más suerte en el amor que yo.