Discusiones 2.

Pasé hasta la hora del recreo sin hablar con nadie de la pandilla, no quería que supiesen que todavía no tenía una decisión tomada. ¡Parecen niños de guarderia con esas estupideces! Joder, que ya tenemos una edad... Bueno, sigo reflexionando en que debo hacer, pero lo único que se me viene a la cabeza es: "¡Comer!". Y es que si no como algo ya, no me voy a concentrar en la vida.
-¡Ey!-me gritó Anna a lo lejos.

¡¡No!! ¡No puedo hablar! ¿Y qué hago ahora? ¿Me hago la tonta y salgo corriendo? No es un mal plan, pero se daría cuenta. Ya sé hago como que alguien me llama a lo lejos.

-Ya voy, mmm, Pepita.-dije alejandome de Anna todo lo que podía, y dirijiéndome a la cafetería a comprarme un bocadillo que fuese tan grande que saciase mi hambre.

¿Pepita? ¿Y esperas que se lo crea? La verdad es que poner excusas no es lo mío... Y es que antes, cuando tenía siete u ocho años, lo mío eran poner unas excusas que hasta el tío más listo de la Tierra se las hubiera creído. Casi siempre, mis padres me recuerdan que cuando me chupaba el dedo (una pequeña manía que muy difícilmente la he podido superar) ponía la excusa de que solamente me estaba rascando el paladar... Vale, no es una excusa tan buena como hubieseis creído, pero tener en cuenta que solté eso cuando únicamente tenía cinco añitos. Pero creo que con el tiempo esa capacidad de poner excusas buenas se ha ido debilitando...
Compré mi bocadillo preferido: lomo con queso. Y salí disparada a un lugar donde sabía que no iban a ir.

-No se puede entrar con comida, Estrella.-me dijo una voz chillona antes de poder entrar a la biblioteca.
-Pero si ya solo me queda esto-dije, señalando el último bocado que me quedaba del bocadillo-, además yo voy a estar en silencio, no como el resto de gente que hay...
-Bueno, pues cómetelo antes de entrar, son las normas.-soltó mi profesora de lengua.

No tuve más remedio que hacerlo, y comerme lo que me quedaba de un solo bocado. Entré y cogí un libro para disimular y hacer que estaba haciendo algo constructivo allí. Intenté de veras leer, pero mi mente no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado, ¿por qué no podría volver todo a ser como antes?

-¡Bu!-susurró alguien detrás de mí, y yo como es inevitable en mí, pegué un grito que me tuvo que regañar mi profesora de lengua por soltar tan feroz grito.-Lo siento, no quería que te asustases tanto...
-Ya, bueno...-le dije a Anna.-¿Que quieres?- Lo que menos quería era encontrarme con ninguno de ellos en el recreo.
-Bueno, pues que todos, mejor dicho, yo y Patri, te estábamos buscando por todo el colegio...-me dijo en voz baja para que no nos hechasen una bronca otra vez.
-Ya.... Bueno, pues, ya me has encontrado-dije en un tono más alto de lo que yo hubiese querido.
-Solo queríamos hablar contigo y decirte que no estés tipo "Forever alone", ¿o es que te gusta estar así?

Ese comentario me hizo soltar una sonrisa, y es que nuestra manía por decir algunas palabras en inglés me gustaba mucho, e incluso a veces nos poníamos a hablar en inglés durante un largo tiempo, y es que teníamos que practicar idiomas extranjeros, para, según mi opinión, tener un buen futuro, o también, para ir de fiesta por ahí, y conocer a chicos guapos que hablen inglés, como opina Patricia.

-A ver, ni mucho menos me gusta estar sola, pero tienes que comprender que en estos momentos, lo único que me hace sentirme bien es estar reflexionando en la decisión que debo tomar.-dije al tiempo que la "voz chillona" nos decía que el recreo ya había terminado y que volviésemos a nuestras respectivas clases.

Al volver, tenía más claro lo que iba a hacer pero sabía que ninguno de ellos se lo iba a tomar bien... Pero, creo que es la única idea "buena" que me había venido a mi cabezita hasta ese momento.
Las siguientes horas no hablé con nadie y me "metí" en una especie de burbuja en la que lo único que escuchaba era mi música chill-out.

-¿Te encuentras bien?-me preguntó Fenn, que se acercó a mi mesa, sin que yo me diese cuenta.
-Eh-dije un poco aturdida-, si, lo único es que estoy un poco cansada, nada más.
-Ah, no sé, como no te he visto mucho hoy, a lo mejor pensé que estabas mal...-dijo, al tiempo que se sentaba  a mi lado antes de que vienese Sócrates.-Y... ¿Ya te has decidido princesa?-dijo con sorna.
-No. Bueno, sí-dije dudando de si la decisión que había tomado hace unas horas era la correcta.
-¿Y serias tan amable de comunicarmela, señorita?-dijo con una gran sonrisa blanca, ¿por qué se tenían que haber peleado? Ahora no podré pasarmelo igual de bien que antes...
-Por supuesto, caballero.-dije, siguiéndole la broma.-Pero ahora no, prefiero hacerlo cuando estemos todos juntos para que os enteréis bien, ¿está usted de acuerdo?-dije, sin poder apartar la vista de sus preciosos ojos.
-Mmm-decía mientras fingía estar meditando lo que le acababa de decir.-Vale, pero con una condición.
-¿Cuál?-pregunté un poco asustada por lo que me iba a pedir.
-Que aceptes esto.-dijo mientras extraía de su bolsillo una especie de paquete-Es para tí, pero por favor ábrelo cuando estés en tu casa, ¿vale?-me decía, cuando me fijé en que se había puesto un poco sonrrojado.
-Vale...-dije, cogiendo el paquete y metiéndolo en mi mochila, pero cuando me di la vuelta para preguntarle que era lo que contenía, él ya no estaba, se había ido a su clase.

El resto del tiempo en la clase, y como en las anteriores, estaba en mi mundo imaginándome como podría haber besado el viernes pasado a Fenn; él cogiendome con sus manos firmes mi cintura y acercándome a sus labios poco a poco, hasta que su aliento y el mío se entremezclaran, y sus labios acercándose a los  míos despacio, hasta que...

-¡Estrella! ¿Quiere hacer el favor de salir a la pizarra a corregir el ejercicio?-dijo Sócrates, haciendome despertar y volver a lo real.
-¿Eh?.... Sí, claro... Pero creo que no lo tengo bien, porque al hacerlo no entendía como se hacía.-dije rápidamente al darme cuenta de que no había hecho los deberes, ningún ejercicio, por pereza y porque en parte era verdad de que no entendía como hacerlo.
-Bueno, pues sal y lo haces ahora.

A Sócrates no se le engaña, pero como es uno de los profes que no te ponen negativos ni nada de eso si no traes los deberes, te permite hacer el ejercicio en la pizarra, al mismo tiempo de que también si no entiendes algo él te ayuda a hacerlo. De verdad, que cada día me cae mejor Sócrates... Incluso el año pasado me pillé por él... ¡Pero solo un poco! A ver, él es más alto que yo, con un aspecto mucho más jóven de lo que te podrías imaginar, con un cabello tan oscuro como la noche y una sonrisa que hace que te derritas, un aspecto viril y tan atractivo que me hizo pensar en él más de una vez el año pasado. Pero eso ya lo he superado, ahora solo le veo como un profesor atractivo que es muy simpático con sus alumnos.

-¿Ya lo has entendido?-me preguntaba al tiempo que yo volvía a mi sitio.
-Sí, aunque esta tarde practicaré más en mi casa.-dije mostrando una de mis mejores sonrisas.

Ya era la hora de irse a casa, y tenía que comunicarles a todos mi decisión, aunque sabía que no era muy buena para mí, a lo mejor de esa forma se darían cuenta de que es mejor que todos estemos bien, a que cada uno esté en un "grupito". Porque, de verdad, parecen críos de seis años con estas tonterías...

-¡¡Ssssh!! ¡¡Callaros de una vez!!-mandó Sandra haciendose oir ante el jaleo que producía que estuviésemos todos juntos en la salida del instituto.
-Gracias-dije con sequedad, no quería mostrar ningún sentimiento a ninguno de ellos, o si no, se pondrían a hacer conclusiones de "si yo voy con este o con el otro"-, a ver, creo que tras meditarlo este día he llegado a la respuesta correcta para esta gran pelea que teneís montada.
-¡Pero dilo ya!-gritó Claudia impaciéntemente.
-Vale, vale-dije a modo de que se tranquilizase.-He decidido, que como todo esto me parece una gran estupidez-al decir esa palabra todos se quedaron con cara de desprecio hacia mí- y que os estais comportando como unos críos, he pensado que estoy muchísimo mejor sola que con alguno de vosotros, y que hasta que no arregleis esto no pienso dirigir la palabra a ninguno, ¿vale? A ver, si así os dais cuenta de que lo mejor sería olvidarlo y estar como antes de lo sucedido al viernes.
-¡Pero no es tan fácil de olvidar, Estrellita!-protestó Patricia.
-Pues ese es vuestro problema, no el mío. Además, creo que necesito de veras un tiempo estar sola, y si consigo además que volveís a estar todos juntos, mejor que mejor, ¿no?-dije al tiempo que veía a mi padre que había llegado para llevarme de vuelta a casa.-Nos vemos.

Me dirigí corriendo a mi coche antes de que mi padre empezara a pitar para que me diese cuenta de que él había llegado y que tenía tanta prisa como yo de llegar a casa. Y es que, aún sigo temblorosa por la decisión que he tomado, no sé siquiera ahora, si es la correcta, pero ya no se puede volver a trás. Lo malo sería los siguientes días, ¿iba a estar todo el tiempo sola, o por el contrario haría nuevos amigos? Eso solo lo podría saber con el tiempo, y con mucha pacienza para lo que me esperara.

2 comentarios:

  1. Lo siento por haber tardado tantísimo en publicar el siguiente capítulo, pero todo este tiempo he estado reflexionando si de verdad merecía la pena seguir escribiendo; pero un día, me di cuenta que no me gusta nada dejar las cosas a medias, y con una historia como esta no lo iba a dejar. Solo espero que os esté gustando lo que voy escribiendo, y que os agradecería muchísimo que si teneís algo que opinar, no os corteis ;) Vuestra opinión cuenta mucho!! Un beso muy grande ^-^

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  2. Pues, sí nos encanta lo que escribes, estamos muchos dias mirando el blog por si lo as actualizado:)
    Sigue asi!

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