-¡Fucking despertador!-maldije mientras apagaba el reloj, y mientras poco a poco me iba desperezando.
Era martes, y hoy tenía que entrar a las ocho en vez de a las nueve como lo hacía normalmente. Esa noche había soñado con un chico y no era precisamente Fenn... Como siempre, y en la vida rutinaria que llevaba, me vestí y me arreglé un poco. No quería ir muy maquillada al estúpido instituto, porque según los planes que había pensado esa noche mientras intentaba conciliar el sueño, estaría el resto de la semana sola, sin juntarme con nadie hasta que los demás solucionasen la discusión. Bajé a la cocina a prepararme un par de tostadas, si es que podía encontrar donde estaba la tostadora...
-¡Shhh! No grites que papá está durmiendo.-me recordó al tiempo que sacaba la tostadora de un cajón empotrado que teníamos en la cocina.
-Lo siento.-dije en un susurro.
Empecé a preparar las tostadas, y es que esa mañana me había levantado con hambre y con el antojo de comerme unas ricas tostadas. Porque normalmente mi desayuno se había reducido a un baso de leche o zumo. No podía comer nada por la mañana, si lo hacía al rato me empezaba a doler el estómago. Pero en cambio, esa mañana me había levantado con un hambre...
Cuando bajó mi madre y se disponía ya a ir al garaje para sacar el coche le pregunté apresuradamente:
-No... Es que hoy tu padre entra a trabajar por la tarde, y no por la mañana.-me contestó susurrando.
-Ahhh. Que raro...-repuse.
-¿Cómo? Pero... ¿Por qué?-dije cansada de solo imaginarme el trecho que tendría que caminar al terminar el instituto.
-Porque hoy tu padre tiene que entrar un poco antes al trabajo, y yo voy a comer con unas amigas del trabajo.-me respondió haciendo amago de acercarse y darme un beso de despedida-.A si que te he dejado preparado un par de filetes empanados en la nevera y si te quedas con hambre hay lechuga y pepino para hacerte una ensalada.
-Pfff, ¿y no podría salir antes del instituto, cuando papá se fuese a trabajar?-dije empeñada en que no estaba dispuesta a caminar tanto y luego comerme unos filetes pre-cocinados...
-No, y no rechistes más, que vas a llegar tarde a clase, además te irá bien andar un poco para hacer algo de ejercicio.-repuso cortantemente, mientras que le daba un beso de despedida.
-Vamos a ver, porque la gravedad siempre, y repito, siempre es negativa.-repuso la profesora-¿No lo había dicho en los apuntes?
-¡Pues no!-gritó alguien detrás de mí, mientras que más voces se unían diciendo lo mal que daba la asignatura la profesora.
Al buscar el cuaderno de matemáticas me encontré con la carta de amor que había escrito a Fenn por la noche. No sé que hacía allí, pero seguramente que con las prisas de que iba a llegar tarde al instituto había cogido todos los papeles que pareciesen apuntes. Tenía que asegurarme de que nadie la viese, porque si no...
Mientras que no venía Sócrates me puse a leerla en voz baja la preciosa carta de amor. Ojalá tuviese el suficiente valor como para leérsela cara a cara. Pero eso nunca pasaría, por lo menos por el momento no.
Vi, que Anna venía hacia mi sitio con cara de pocos amigos.
-¿Pero tú estás sorda o qué?-la contesté mientras iba a guardar la carta en el interior de mi mochila.-Ya lo dije ayer, no pienso estar en ningún bando hasta que solucionéis vuestro estúpido problema.
-Vale... ¡Ey! ¡¿Qué es eso?!-dijo mientras que hábilmente me cogió la carta de entre mis manos e intentaba leerla.
-¡Dámela! ¡No es tuya, y no tienes derecho ni a cogerla y a leer lo que pone en ella!-dije mientras que intentaba coger de nuevo mi carta, pero justo cuando iba a capturarla, Anna la cambiaba de mano, haciendo que mis nervios aumentaran por momentos; estaba claro que mi música chill-out había desaparecido por completo en ese momento.
Al entrar Sócrates y ver lo que estaba sucediendo, quitó bruscamente de las manos de Anna la carta de amor. La leyó para sí mismo mientras que yo aproveché para colocarme bien el uniforme que se había ido de sitio tras la pelea. Al terminar de leerla me miró fijamente a los ojos y me la devolvió advirtiéndome que la guardase a buen recaudo, y eso es lo que hice. La metí bien adentro de una carpeta que tenía en la cartera y me aseguré bien de cerrar del todo la mochila.
Ale, ahora Sócrates sabe lo que siento por Fenn... Bueno, aunque realmente no me importa, porque sé que él no dirá nada, nunca lo ha hecho. Y es que siempre Claudia, Anna y yo, que somos las que vamos con él al desdoble de matemáticas, hemos confiado en él, y le hemos dicho todas nuestras aventuras, pero en su justo límite, que no deja de ser nuestro profesor... Aunque es extraño que no nos haya preguntado por qué no nos hablamos entre nosotras, pero algo me dice que ya sospecha... Y siempre, desde primero de la E.S.O. hemos sido muy simpáticas con él y a veces en vez de dar clase, empezamos a hablar de cualquier tema intrascendente que hace que perdamos una hora entera de una matemáticas aburrida en una hora entera de temas curiosos, y de mucho interés. Y creo que esa confianza con el profesor hace que al final de la evaluación la nota te la sube un puntillo o así. ¡Todo sea por las buenas notas!
La hora de matemáticas se me pasó volando y entre unas cosas y otras ya era la hora de bajar al recreo. Decidí que ese día prefería salir afuera y sentarme en las gradas, ya que me había enterado de que los demás iban a estar adentro en la cafetería por el viento tan fuerte que hacía aquel día.
Fui a los grandes escalones que conducían a la pista de fútbol y me senté en uno de ellos. ¡Mierda! Con las prisas de que llegaba tarde al instituto se me había olvidado prepararme el almuerzo. Y es que el desayuno que me había tomado aquella mañana me había entretenido más de lo esperado y se me había olvidado completamente coger nada para comer al mediodía. Menos mal que el copioso desayuno me mantuvo sin muchas ganas de tomarme nada para almorzar.
Sin querer, ni beberlo, tenía enfrente mía jugando al fútbol a Ed, Marcos, Halcón, Mario y Fenn como si no hubiera mañana, haciéndose notar que la discusión había hecho mella en ellos, solo había que verlos jugar con esa fiereza al fútbol. Sin darme cuenta mis ojos se fueron al culo de Fenn. ¡Pues tiene un buen culo! Lo tiene en su justa medida y bien puesto, perfecto para azotarlo en una noche loca de pasión. Menudos pensamientos que se me estaban viniendo a la mente, y eran de todo menos inocentes... Me seguí fijando en Fenn, y observé que tenía una espalda fuerte y musculada, al igual que sus piernas, creo que era porque todos los fines de semana iba en bicicleta con un grupo que tenía, o eso es lo que había oído por ahí.
Volví a mi mundo de fantasía, en el que encontraba a Fenn con el torso desnudo y apretándose junto a mí, mientras que mis manos buscaban comprobar lo fuerte que era aquella espalada, haciendo que mis uñas se clavasen un poco un ella, provocando un pequeño gemido que salía de la boca de Fenn al tiempo que nuestros cuerpos iban al compás y...
-Eh...-dije un poco despistada-.Estamos enfadadas, bueno, más bien ellas, porque yo paso del tema.
-Entonces, ¿por qué estás sin nadie?-volvió a insistir. Se me hacía un poco raro hablarle de aquello a un profesor, pero, tratándose de Sócrates, todo se te hacía más llevadero.
-Porque hasta que no arreglen sus problemas que tienen voy a estar sola, para que no me echen en cara si estoy con unos, o si estoy con otros.-le respondí.
-Comprendo...Bueno, espero que se arregle pronto, porque con lo buenas amigas que habéis sido siempre sería una pena que ahora todo se vaya al traste...-dijo mientras que se ponía de pie de nuevo-.Bueno, Estrella, me voy adentro que con este viento me voy a volar.-dijo mientras que imitaba que un gran viento azotaba contra él haciéndole retroceder el paso.
-Adiós.-contesté mientras que ponía una de mis mejores sonrisas, y es que con Sócrates era imposible dejar de sonreír. Es tan atractivo... Si tuviese mi edad, no dudaría de que medio colegio caería rendido a sus pies, no me cabe ni la menor duda.
Mientras que tenía un debate mentalmente sobre la razón por la que había soñado con un chico que no era Fenn, la campana sonó advirtiendo que ya se había acabado el recreo y que era hora de volver a clase.
Subí rápidamente a clase, para así no encontrarme con nadie, y al llegar pude comprobar que alguien me había abierto la mochila.
Espero que os esté gustando la historia, mi plan era haber escrito más capítulos antes, pero entre los exámenes y viajes inesperados, no ha podido ser. A si que este puente aprovecharé a continuar la historia :)
ResponderEliminarSi teneis alguna sugerencia, o algo que mejorar, no os corteis y decirlo! Todo sea por la historia ^^
Me encanta!! :) Pero me he quedado con la miel en los labios jaja !SIGUE ESCRIBIENDOLO! :D
ResponderEliminar¡Andá!,¡una chica romántica!,yo creía que de esas no quedaban ya X3
ResponderEliminarLuego le echaré un vistazo al blog cuando tenga tiempo,yo soy un curiosísimo híbrido de romántico apasionado con ser frío y calculador,jajajaja
Adela sigue! Porfavor lo haces genial! ^^
ResponderEliminarRETOMALO