La carta 1.

-¡Piiiii!
-¡Fucking despertador!-maldije mientras apagaba el reloj, y mientras poco a poco me iba desperezando.


Era martes, y hoy tenía que entrar a las ocho en vez de a las nueve como lo hacía normalmente. Esa noche había soñado con un chico y no era precisamente Fenn... Como siempre, y en la vida rutinaria que llevaba, me vestí y me arreglé un poco. No quería ir muy maquillada al estúpido instituto, porque según los planes que había pensado esa noche mientras intentaba conciliar el sueño, estaría el resto de la semana sola, sin juntarme con nadie hasta que los demás solucionasen la discusión. Bajé a la cocina a prepararme un par de tostadas, si es que podía encontrar donde estaba la tostadora...


-¡Mamá!¡¿Dónde está la tostadora?!-grité esperando la respuesta de mi madre.
-¡Shhh! No grites que papá está durmiendo.-me recordó al tiempo que sacaba la tostadora de un cajón empotrado que teníamos en la cocina.
-Lo siento.-dije en un susurro.


Juraría que ya había buscado ahí y que no había encontrado nada... Si es que todas las madres tienen ese don, por decirlo de alguna manera; vas, no encuentras nada, y ellas te dan un "zas en toda la boca" al encontrar lo que tú ya dabas por perdido. 
Empecé a preparar las tostadas, y es que esa mañana me había levantado con hambre y con el antojo de comerme unas ricas tostadas. Porque normalmente mi desayuno se había reducido a un baso de leche o zumo. No podía comer nada por la mañana, si lo hacía al rato me empezaba a doler el estómago. Pero en cambio, esa mañana me había levantado con un hambre... 
Cuando bajó mi madre y se disponía ya a ir al garaje para sacar el coche le pregunté apresuradamente:


-Oye, mamá ¿cómo es que papá está durmiendo? ¿Hoy no va a trabajar?-la pregunté mientras cogía mi pesada mochila, con algo que ni yo sabía que tenia.
-No... Es que hoy tu padre entra a trabajar por la tarde, y no por la mañana.-me contestó susurrando.
-Ahhh. Que raro...-repuse.


Normalmente mi padre siempre entraba a trabajar por la mañana y volvía a la hora de comer, aunque antes siempre me recogía del instituto para llevarme a casa. Era una suerte que mis padres trabajasen tal y como estaban las cosas. La mayoría de personas que conocía o sus madres o padres no tenían trabajo, bien porque  la empresa quebraba, o bien porque tenían que hacer recortes y medio personal se iba de patitas a la calle. En el caso de mi padre le pasó lo primero, aunque por alguna causa del destino, tuvo la suerte de encontrar trabajo pasados unos meses, en un hospital que habían inaugurado hace poco en un lugar que se encontraba cerca de donde vivíamos, ejerciendo como técnico o revisor de las máquinas del edificio. Lo celebramos por todo lo alto cuando al fin encontró trabajo, y es que nos prometió a mi madre y a mí, cuando se encontraba sin trabajo, que cuando tuviese uno iríamos a Nueva York. Y así va a ser en las vacaciones próximas de verano, tengo muchísimas ganas de ir, ya que nunca he viajado a Estado Unidos, y porque además quiero y necesito practicar mi inglés. Lo tengo decidido, cuando me gradúe en la E.S.O. y termine Bachillerato, estudiaré una  carrera de Biología o de Bioquímica e intentaré conseguir un puesto en alguna Universidad ejerciendo como profesora, y si no lo consigo, lo tengo muy claro de que me iré a Estados Unidos a un centro de investigación, ese sería mi gran sueño en la vida, pero bueno, primero tendré que acabar cuarto...


-Recuerda que hoy te tienes que bajar andando a casa.-me dijo mi madre antes de que me bajase del coche para dirigirme dentro del instituto.
-¿Cómo? Pero... ¿Por qué?-dije cansada de solo imaginarme el trecho que tendría que caminar al terminar el instituto.
-Porque hoy tu padre tiene que entrar un poco antes al trabajo, y yo voy a comer con unas amigas del trabajo.-me respondió haciendo amago de acercarse y darme un beso de despedida-.A si que te he dejado preparado un par de filetes empanados en la nevera y si te quedas con hambre hay lechuga y pepino para hacerte una ensalada.
-Pfff, ¿y no podría salir antes del instituto, cuando papá se fuese a trabajar?-dije empeñada en que no estaba dispuesta a caminar tanto y luego comerme unos filetes pre-cocinados...
-No, y no rechistes más, que vas a llegar tarde a clase, además te irá bien andar un poco para hacer algo de ejercicio.-repuso cortantemente, mientras que le daba un beso de despedida.


Me alejé del coche entrando en el instituto, menos mal que no se dieron cuenta y no me apuntaron en una lista que hay cuando llegas tarde. Fui corriendo hasta la clase de 4ºB y entré pidiendo disculpas por mi retraso. Encima la asignatura que tenía a primera hora de la mañana era Física y Química, la más difícil de todo el curso. Menos mal que solo estaban corrigiendo problemas y no dando más teoría,  y es que como iba a pasar varios días sola y sin nadie, me había propuesto estudiar todo lo que diésemos día a día, y hoy empezaría con mi propósito estudiando todos los apuntes de las asignaturas que tuviese ese día. O... Al menos lo intentaría...


-Profe, ¿por qué el resultado es negativo si a mí me da positivo?-pregunté mientras que no paraba de mirar el resultado del problema que estaba en la pizarra y al resultado de mi cuaderno.
-Vamos a ver, porque la gravedad siempre, y repito, siempre es negativa.-repuso la profesora-¿No lo había dicho en los apuntes?
-¡Pues no!-gritó alguien detrás de mí, mientras que más voces se unían diciendo lo mal que daba la asignatura la profesora.


Ya nos lo dijo Sócrates, nuestro tutor, que la asignatura más difícil del curso iba a ser Física y Química, y aún sabiendo eso, van y nos ponen a aquella mujer como profesora de FyQ... Si es que... De verdad que... Son tontos de remate, porque Sócrates está más que capacitado para dar aquella asignatura, ¡pero no! Decidieron que solamente diese matemáticas... Y es que el cambio de tercero a cuarto es brutal, por lo menos para mí lo ha sido; Matemáticas y Física y Química en tercero son una tontería comparadas con las de este año, deberían de haber puesto más nivel el año anterior para que no se notase tanto el cambio entre un curso y otro, porque a este paso, voy a suspender Física y Química, bueno, yo y el resto de la clase, porque no soy la única que tiene problemas con aquella asignatura.


-Bueno chicos, se nos ha acabado ya el tiempo, os mandaré algunos ejercicios y explicaciones por e-mail.-dijo la profesora poniéndose un poco nerviosa por la presión de tener tan poco tiempo a la semana para dar una asignatura tan difícil como lo era Física y Química.


Aproveché el intercambio de clase para sacar el libro y el cuaderno de matemáticas. Qué bien, ahora clase con Sócrates, pensé mentalmente.
Al buscar el cuaderno de matemáticas me encontré con la carta de amor que había escrito a Fenn por la noche. No sé que hacía allí, pero seguramente que con las prisas de que iba a llegar tarde al instituto había cogido todos los papeles que pareciesen apuntes. Tenía que asegurarme de que nadie la viese, porque si no...
Mientras que no venía Sócrates me puse a leerla en voz baja la preciosa carta de amor. Ojalá tuviese el suficiente valor como para leérsela cara a cara. Pero eso nunca pasaría, por lo menos por el momento no. 
Vi, que Anna venía hacia mi sitio con cara de pocos amigos.


-Qué, ¿ya te has decidido con quién estar?
-¿Pero tú estás sorda o qué?-la contesté mientras iba a guardar la carta en el interior de mi mochila.-Ya lo dije ayer, no pienso estar en ningún bando hasta que solucionéis vuestro estúpido problema.
-Vale... ¡Ey! ¡¿Qué es eso?!-dijo mientras que hábilmente me cogió la carta de entre mis manos e intentaba leerla.
-¡Dámela! ¡No es tuya, y no tienes derecho ni a cogerla y a leer lo que pone en ella!-dije mientras que intentaba coger de nuevo mi carta, pero justo cuando iba a capturarla, Anna la cambiaba de mano, haciendo que mis nervios aumentaran por momentos; estaba claro que mi música chill-out había desaparecido por completo en ese momento.


Estábamos montando tal bullicio que la gente que estaba alrededor nuestra se giraba para observar la pequeña pelea que estaba teniendo lugar en la clase de 4ºB. 
Al entrar Sócrates y ver lo que estaba sucediendo, quitó bruscamente de las manos de Anna la carta de amor. La leyó para sí mismo mientras que yo aproveché para colocarme bien el uniforme que se había ido de sitio tras la pelea. Al terminar de leerla me miró fijamente a los ojos y me la devolvió advirtiéndome que la guardase a buen recaudo, y eso es lo que hice. La metí bien adentro de una carpeta que tenía en la cartera y me aseguré bien de cerrar del todo la mochila. 
Ale, ahora Sócrates sabe lo que siento por Fenn... Bueno, aunque realmente no me importa, porque sé que él no dirá nada, nunca lo ha hecho. Y es que siempre Claudia, Anna y yo, que somos las que vamos con él al desdoble de matemáticas, hemos confiado en él, y le hemos dicho todas nuestras aventuras, pero en su justo límite, que no deja de ser nuestro profesor... Aunque es extraño que no nos haya preguntado por qué no nos hablamos entre nosotras, pero algo me dice que ya sospecha... Y siempre, desde primero de la E.S.O. hemos sido muy simpáticas con él y a veces en vez de dar clase, empezamos a hablar de cualquier tema intrascendente que hace que perdamos una hora entera de una matemáticas aburrida en una hora entera de temas curiosos, y de mucho interés. Y creo que esa confianza con el profesor hace que al final de la evaluación la nota te la sube un puntillo o así. ¡Todo sea por las buenas notas!
La hora de matemáticas se me pasó volando y entre unas cosas y otras ya era la hora de bajar al recreo. Decidí que ese día prefería salir afuera y sentarme en las gradas, ya que me había enterado de que los demás iban a estar adentro en la cafetería por el viento tan fuerte que hacía aquel día. 
Fui a los grandes escalones que conducían a la pista de fútbol y me senté en uno de ellos. ¡Mierda! Con las prisas de que llegaba tarde al instituto se me había olvidado prepararme el almuerzo. Y es que el desayuno que me había tomado aquella mañana me había entretenido más de lo esperado y se me había olvidado completamente coger nada para comer al mediodía. Menos mal que el copioso desayuno me mantuvo sin muchas ganas de tomarme nada para almorzar.
Sin querer, ni beberlo, tenía enfrente mía jugando al fútbol a Ed, Marcos, Halcón, Mario y Fenn como si no hubiera mañana, haciéndose notar que la discusión había hecho mella en ellos, solo había que verlos jugar con esa fiereza al fútbol. Sin darme cuenta mis ojos se fueron al culo de Fenn. ¡Pues tiene un buen culo! Lo tiene en su justa medida y bien puesto, perfecto para azotarlo en una noche loca de pasión. Menudos pensamientos que se me estaban viniendo a la mente, y eran de todo menos inocentes... Me seguí fijando en Fenn, y observé que tenía una espalda fuerte y musculada, al igual que sus piernas, creo que era porque todos los fines de semana iba en bicicleta con un grupo que tenía, o eso es lo que había oído por ahí. 
Volví a mi mundo de fantasía, en el que encontraba a Fenn con el torso desnudo y apretándose junto a mí, mientras que mis manos buscaban comprobar lo fuerte que era aquella espalada, haciendo que mis uñas se clavasen un poco un ella, provocando un pequeño gemido que salía de la boca de Fenn al tiempo que nuestros cuerpos iban al compás y...


-¡Estrella!-dijo Sócrates, haciéndome volver al mundo real-¿Qué haces aquí sola? ¿Y Claudia y Anna?-me preguntó, al tiempo que se sentaba al lado mio.
-Eh...-dije un poco despistada-.Estamos enfadadas, bueno, más bien ellas, porque yo paso del tema.
-Entonces, ¿por qué estás sin nadie?-volvió a insistir. Se me hacía un poco raro hablarle de aquello a un profesor, pero, tratándose de Sócrates, todo se te hacía más llevadero. 
-Porque hasta que no arreglen sus problemas que tienen voy a estar sola, para que no me echen en cara si estoy con unos, o si estoy con otros.-le respondí.
-Comprendo...Bueno, espero que se arregle pronto, porque con lo buenas amigas que habéis sido siempre sería una pena que ahora todo se vaya al traste...-dijo mientras que se ponía de pie de nuevo-.Bueno, Estrella, me voy adentro que con este viento me voy a volar.-dijo mientras que imitaba que un gran viento azotaba contra él haciéndole retroceder el paso.
-Adiós.-contesté mientras que ponía una de mis mejores sonrisas, y es que con Sócrates era imposible dejar de sonreír. Es tan atractivo... Si tuviese mi edad, no dudaría de que medio colegio caería rendido a sus pies, no me cabe ni la menor duda.


Viendo alejarse a Sócrates, intenté dejar de lado los pensamientos que estaba teniendo hace un momento. No era muy típico en mí, pero los últimos libros que me había leído en los pasados meses, todos ellos trataban de historias de amor subiditas un poco de tono. ¿Se me habría contagiado? No...
Mientras que tenía un debate mentalmente sobre la razón por la que había soñado con un chico que no era Fenn, la campana sonó advirtiendo que ya se había acabado el recreo y que era hora de volver a clase.
Subí rápidamente a clase, para así no encontrarme con nadie, y al llegar pude comprobar que alguien me había abierto la mochila.


-¡Oh dios mío!-solté al comprobar que la carta de amor había desaparecido de mi carpeta.


Alguien me había robado la carta. Pero, ¿quién? y ¿por qué? A nadie le sirve de nada un papel como era aquella carta. Aunque, pensándolo mejor sí que podría servirle a alguien. No sabía con seguridad quién podría haber sido, pero sospechaba de alguien, no obstante me parecía muy surrealista que aquella persona podría haber hecho algo así. Los días siguientes sabría con exactitud quién y para qué habían robado mi carta, pero por el momento, solo pude llorar y maldecir por lo bajo lo estúpida que había sido por haber escrito aquella carta de amor dirigida a Fenn.