Discusiones 3.

Al llegar a casa ya me había dado tiempo suficiente como para relajarme y poder hablar con normalidad, sin que me temblase la voz. Comí tan poco que mi madre ya empezó a sacar conclusiones de que me voy a quedar anoréxica por dejar de comer, pero es que me resultaba casi imposible tomar bocado de nada de lo que había cocinado mi madre. Y es que, desde siempre mis nervios me han podido vencer, la semana de exámenes sufro un dolor insoportable en el estómago, y no, no es por los "abuelos", que es así como llamamos nosotras a la menstruación, sino por los malditos nervios...

-¿Seguro que no quieres postre?-me gritó mi madre desde la cocina, haciendome salir de mi habitación, y asomándome a las escaleras para poder escucharla con claridad.
-Si.....¡Seguro, mamá!-la respondí, mientras que la escuchaba quejándose con un profundo suspiro.

No es por nada, pero recuerdo perfectamente que me dio una época por dejar de comer para adelgadar... Supongo que es la tontería de ver a otras chicas que están "mejor" que tú, y querer estar a su altura. Y es por un complejo que tenía, y que creo, que sigo teniendo... Mis piernas, no sé, son normalitas, pero me gustaría tenerlas un poco más delgadas y fuertes, al igual que me pasa con mi nariz.... Un complejo que me lo "descubrieron" los muy cabrones de los chicos cuando iba a sexto de primaria... Pero, siempre que se lo digo a mis amigas me dicen lo miso, sobre todo Claudia: "Tu nariz está recta y va acorde con tu cara, y en cambio la mia..." Y ahí es cuando empezamos a destapar nuestros complejos, y nuestras inseguridades. Pero, digo yo, ¿no es mejor olvidarse de esas tonterías y disfrutar la vida a tope? Aunque... Resulta muy dificil, y más aún, con esta edad, en la que todo lo que piensen los demás nos afecta demasiado...

Me puse dispuesta a hacer los deberes de matemáticas, esos que al principio no entendía, y a cada minuto menos, y es que lo que necesito es practicar, ya me lo dijo Sócrates cuando me dio una racha en la que no hacía ni el huevo: "Estrella, ¿cómo no vas a entenderlo, si ni siquiera has mirado los ejercicios en tu casa?" Y la verdad, es que tenía muchísima razón; a partir de ese momento, me prometí a mi misma hacerlos todos los días... Aunque una vez, se me olvidaron y se los copié a Anna, que ella para esas cosas no le importa prestártelos.
Aish.... Anna, es increible, pero ya las estoy hechando de menos, y eso que no ha pasado ni un día. ¿Y ellas, y ellos? ¿También me hecharán de menos? Supongo que no, almenos con los chicos, ya que son los nuevos, y no me conocen lo suficiente como para hecharme de menos, e incluso Fenn.
Pero las chicas... Son ya cuatro años con ellas, conociéndolas todavía, compartiendo momentos increíbles, divirtiéndome y pasando horas y horas junto a ellas... Bueno, aunque antes las cosas no eran así...
Si comparo como éramos en primero de la E.S.O. y ahora, en cuarto, no tenemos nada que ver, éramos totalmente distintas. Antes, no teníamos un grupo claro con el que pasar el recreo, pero luego a medida que pasaba el tiempo te ibas dando cuenta de con quién te identificabas mejor, de con quién querías estar, y con quién no... Aunque suene extraño, Claudia y yo, antes estábamos en ese grupito de los "guays", los que se creían los amos de la clase, pero nos dimos cuenta a tiempo que ese rollo no nos gustaba para nada, que lo nuestro era "mandar" por igual, sin ningún lider del grupo, y a día de hoy, sigo creyendo que no hay ningún lider... A menos que yo sepa, y que me haya dado cuenta... Porque últimamente con todo este follón, estoy muy desconcertada y muy perdida.
No quiero estar sola en el recreo, ni en las clases, tipo "forever alone"... Asique solo espero no tener que volver a juntarme con el grupito de los "guays" ni con la muy zorra de Vanesa...

Ahora que caigo, ¿y el paquete que me dió antes Fenn? ¡Voy a buscarlo ahora mismo!

Me dirijí corriendo a por mi mochila y dejé atrás los ejercicios de matemáticas, prometiéndome a mi misma terminarlos cuando viese lo que era ese extraño paquete.
Lo cojí con entusiasmo y son suma delicadeza. Me dispuse a desenvolverlo con cuidado de no romper nada al quitar el papel de regalo, y pude ver con claridad de que se trataba de una caja de madera.
"¡Pues vaya estupidez!" Pensé al segundo, pero al ver que se podía abrir la caja, retiré lo dicho mentalmente.
Abrí la caja, y ahora sí, de lo que se trataba el regalo era de un clavel de un color rojo tan intenso, que parecía sangre. Al lado pude fijarme que había una nota en la que ponía un simple: "Espero que te guste el significado".
¿Significado? ¡¡What the fuck!! ¿A qué coño se estaba refiriendo?
Bueno, da igual, dejé de lado el papel, y cogí el precioso clavel oliendo su precioso aroma. La verdad es que olía realmente bien, y que era un detalle muy bonito de su parte haberme regalado un clavel tan bonito como ese, pero, ¿qué significaba el mensaje de la nota?

Puse el clavel en un pequeño jarrón con agua, y guardé la nota dentro de la caja para no distraerme más, y es que a lo tonto ya había anochezido y yo todavía no había terminado los ejercicios de matemáticas, ni los de lengua...

¿Sabeis una cosa? No me gusta lengua, y es raro porque antes me encantaba, e incluso pensaba ser profesora de Lengua; pero todo eso cambió cuando en tercero empezamos a dar literatura... ¡No me importa la vida de un viejo cascarrabias que escribía poemas para expresar su inconformismo sobre el tipo de sociedad de esa época! Llamarme ignorante, pero no me importa su vida, y además de eso, tengo que aportar que la profesora que da la asignatura tampoco ayuda a que te encante la literatura, la verdad... En resumen, que es una amargada, y lo único bueno de ella, es que da unos buenos apuntes y te puedes ir enterando de lo que va explicando, si cambiase su actitud que tiene con sus alumnos, incluso me caería igual de bien que Sócrates.

Al terminar todos los deberes, ya estaba mi madre preparándome una gran cantidad de comida para cenar, porque según ella: "Si no comes bien, ni meriendas, se puede remediar en la cena". Asique, me mentalizé en abrir mi apetito a una buena cantidad de grasas y carbohidratos.

-¿Qué es esto?-pregunté a mi madre, mientras que con el tenedor cogía una especie de verdura rebozada en harina.
-Son verduras a la tempura.-dijo sin saber muy bien si lo que acababa de decir era del todo cierto.
-Ahhh...-dije, mientras que ponía cara de limón al probar como sabía.-Mamá, ¿no cres que te has pasado un poco rebozándolo tanto en esa especie de harina?
-¿Por qué preguntas eso, hija?
-Pues... Porque me saben más a aceite de freir, que a una saludable y sosa verdura.
-Bueno, pues así rellenas esos pantalones, ¡qué estás muy delgada!

Intenté pasar de entrar al trapo, porque sabía que ella estaba esperando ese momento para discutir sobre mi "delgadez", cosa que yo no veía por ninguna parte.

-Mamá, no estoy delgada-dije notando mi gran enfado que me estaba provocando aquella conversación.-Sólo por no haber comido lo suficiente al mediodía, no significa que quiera ser una de esas modelos esqueléticas que salen por la tele.
-¿Y entonces qué es?-dijo con un semblante preocupado.
-Pues...-me detení al meditar si debía contarle lo que me había pasado en el instituto, o si era mejor derjarlo pasar.
-Dime.-dijo, casi como si fuese una súplica.
-A ver... Es que es muy largo mamá...
-Bueno, hay tiempo hija, pero tú sabes que puedes confíar en mí, y contarme todo lo que quieras, ¿verdad?
-Sí, mamá... A ver, todo empezó el pasado viernes...

Y así, mientras que cenábamos ella y yo en la cocina (mi padre prefería ver la televisión en el comedor) le conté todo lo sucedido, toda la discusión y los malentendidos que sucedieron aquel día, y la decisión que había tomado. Cuando terminé de contárselo todo, la noté feliz, feliz por saber que aún yo confiaba en ella y le contaba todo aquello.
Lo único que me dijo mi madre al terminar, fue, que era mejor esperar, al menos una semana, y ver que sucedía, y si no se había arreglado nada, o las cosas iban a peor, que tendría que tomar cartas en el asunto.

Parecía absurdo, pero aquello, lo de hablar con mi madre, me relajó bastante, tanto que casi me hizo olvidar el regalo de Fenn. Pero casi, porque al ver ese hermoso clavel rojo me hizo que la comida de la cena se me revolviera a causa de los nervios... Y lo de Fenn, no se lo conté a mi madre (me pareció poco importante) además, creo que por el momento no es nada serio. Todavía no tengo claro si él quiere algo conmigo, pero algo formal, porque yo no me considero una de esas chicas que son de usar y tirar. No, aunque una vez lo intenté, pero al final siempre me acababa gustando demasiado el chico como parar romper con él, y es así como la mayoría de las veces han sido ellos quienes me han dejado, y no al contrario, ya que se cansaban de siempre lo mismo.
Y no, no llegaba a nada más con ellos, nunca lo he hecho; me parece un paso muy importante en una relación, y hasta que no esté segura de que él me quiere de verdad, seguiré siendo virgen. Yo no creo que lo de perder la virginidad sea muy doloroso, y por eso no tengo ningún miedo, el miedo es, si cuando lo haga con el chico que me gusta me deje, es decir, como a una chica de usar y tirar. Es eso a lo que temo, y no a otra cosa...

-¡¡Achús!!-no pude resistirme de volver a oler otra vez el clavel, haciendo que me produjera un gran estornudo.

Y en mi mente no paraban de surgir preguntas del estilo: "¿Qué significaba esa nota?" o también: "¿Y la flor? ¿La flor quiere decir que le gusto o que simplemente me ve como a una gran amiga en la que poder confiar?" . Y así, de esa forma me tiré horas y horas intentándo dormirme en mi cama, moviéndome sin parar, intentando coger una postura adecuada para conciliar el sueño. Pero creo que a las tres de la madrugada lo di por perdido, lo de poder dormir, me refiero. Asique sin dudarlo dos veces, encendí el ordenador, y estuve escribiendo una presunta carta de amor dirigida a Fenn. Presunta carta, porque tenía claro que no se la iba a entregar, me moriría de la vergüenza si la leyese y él no sintiese lo mismo por mí.
Y así, como quién no quiere la cosa terminé la carta, la fotocopié y la doblé con cuidado de no estropearla. La puse debajo de mi almohada en un intento de que si tenía algo relacionado con Fenn cerca de mí, podría soñar con él. Y con ese pensamiento, de querer soñar con él y de continuar lo que podría haber sido el pasado viernes, me dormí oliendo el aroma de ese clavel rojo.

Y es que, ese clavel me haría darme cuenta de una cosa muy importante en mi vida; y esa carta... Traería más problemas de los que yo hubiese querido en ese momento.